El sábado 23 de mayo, un incendio arrasó 59 viviendas en los barrios Altos de Monserrate y Miraflores, al sur de Armenia. Dejó a 173 personas sin techo, con apenas la ropa que llevaban. La emergencia requirió movilización masiva de bomberos y organismos de socorro en la capital del Quindío.
Según relató a Caracol Radio una de las damnificadas, Catherine Trujillo se encontraba en su casa cuando escuchó el primer chispeo. Alcanzó a sacar a su hija, su madre y los animales domésticos, pero perdió el resto. Ella narró la propagación rápida del fuego: señaló que cuando bajó, el incendio ya avanzaba por el techo de la casa contigua, y que la falta de presión en el sistema de agua limitó la respuesta de los bomberos. Sobre el origen, circulan dos versiones en el sector: que alguien estaba quemando cobre o que una vecina incineraba basura. Trujillo fue clara: “Ahí no se sabe la verdad, solamente la sabe Dios”.
La Alcaldía de Armenia respondió con brigadas médicas, alimentación, atención psicosocial y evaluaciones técnicas a las familias afectadas. Abrió un punto de acopio en la cancha de Santa Helena para canalizar donaciones de alimentos no perecederos, ropa, agua embotellada y elementos sanitarios. Pero reconoció que la respuesta estatal no alcanza la magnitud de la necesidad.
Lo que emerge es una tensión clara: la capacidad de respuesta inmediata del Estado contrasta con la reconstrucción que estas 173 personas enfrentan a mediano plazo. Una emergencia de este tamaño supera el presupuesto de una sola administración municipal. Eso no refleja negligencia, sino una realidad que expone cómo los desastres requieren redes comunitarias más amplias. La pregunta ahora es si esa solidaridad que la Alcaldía pide llegará a tiempo y en la cantidad necesaria para evitar que familias como la de Trujillo pasen meses sin hogar ni recursos.