El dólar toca mínimos de 2020 tras el giro monetario
La revaluación del peso refleja la confianza en la nueva política monetaria, pero exige cautela ante los riesgos de la enfermedad holandesa en un contexto regional complejo.
Opinión, ensayo y memoria política
Macroeconomía, política monetaria y empresas. Cifras antes que adjetivos.
104 columnas publicadas · 1 columnistas · 2026—presente · RSS
La revaluación del peso refleja la confianza en la nueva política monetaria, pero exige cautela ante los riesgos de la enfermedad holandesa en un contexto regional complejo.
La apreciación del peso tras la decisión del BanRep refleja confianza en la ortodoxia, pero la volatilidad del crudo sigue siendo el verdadero riesgo para la regla fiscal.
La decisión del emisor refleja la pérdida de anclas inflacionarias y la incertidumbre por el déficit fiscal, marcando una divergencia crítica con la política económica del Gobierno.
La subida de 75 puntos básicos fortalece al peso, pero la volatilidad fiscal y externa limita la apreciación sostenible de la moneda.
Con la inflación aún por encima de la meta y el riesgo país latente, la junta mantiene la postura restrictiva para blindar la credibilidad ante los mercados internacionales.
La desocupación cayó a 8% en mayo, mínimo histórico, pero la creación de puestos se concentra en el sector público y no en la inversión privada productiva.
La DIAN proyecta recaudar $6,1 billones de personas naturales en 2026. El cumplimiento depende de la confianza en el uso eficiente de los recursos públicos.
La desocupación cede según el DANE, pero la ocupación sigue concentrada en sectores de baja productividad y alta informalidad.
La TRM se ubica en $3.443, pero las brechas regionales y la volatilidad exigen cautela en la lectura de competitividad exportadora.
El dólar baja por carry trade y debilidad global, pero la incertidumbre fiscal y electoral amenaza con revertir la tendencia en el segundo semestre.
El ruido sobre el regreso del presidente de Ecopetrol refleja una crisis de gobierno corporativo que preocupa a los mercados más que los procesos judiciales en sí mismos.
La combinación de datos inflacionarios estadounidenses y tensiones en el Golfo Pérsico presiona al peso y reafirma la necesidad de blindar la política monetaria local.
La apreciación del peso refleja alivio electoral, pero la política monetaria restrictiva y el entorno global sugieren que la tasa actual es un suelo transitorio y no un nuevo equilibrio estructural.
El dólar se estabiliza en $3.430 por factores externos, pero la volatilidad interna y El Niño amenazan la apreciación reciente del peso colombiano.
La apreciación del peso tras la elección refleja optimismo, pero la estabilidad depende del ajuste fiscal y no solo de la toma de ganancias en los mercados.
La TRM bajó a $3.406 tras las elecciones, pero analistas advierten que la estabilidad depende del gabinete y la disciplina fiscal del nuevo gobierno.
El fortalecimiento del COP frente al dólar mejora el poder adquisitivo en Asia, pero la distancia y la logística siguen siendo barreras estructurales para el viajero nacional.
La victoria de De la Espriella fortaleció el peso, pero la bolsa corrigió. Los inversionistas ya no premian promesas, sino que exigen claridad sobre la deuda y el déficit.
La volatilidad de la petrolera tras la elección refleja un ajuste técnico y factores externos, no necesariamente desconfianza en la nueva administración.
El dólar baja por arbitraje de tasas y debilidad global, pero la incertidumbre fiscal y electoral amenaza con revertir la tendencia en el segundo semestre.
La revaluación postelectoral refleja alivio institucional, pero la brecha entre la TRM y el efectivo en ciudades como Cartagena alerta sobre distorsiones que el nuevo gobierno deberá atender.
La revaluación del peso tras la elección refleja alivio institucional, pero la sostenibilidad depende de las señales sobre hidrocarburos y reglas fiscales en los primeros 100 días.
La victoria electoral alivió al peso, pero el margen estrecho y la Fed restrictiva obligan a validar la ortodoxia con nombramientos técnicos creíbles.
El endeudamiento interno jalonó el aumento al 60,6% del PIB en mayo. La cifra exige ajustes antes de que el mercado castigue la prima de riesgo colombiana.
La divisa se depreció a $3.459 antes de las elecciones, reflejando aversión al riesgo y una tasa de interés real que ya no compensa la volatilidad política.
La reciente apreciación del peso es temporal. La volatilidad regresará por el riesgo fiscal local y la postura cautelosa de la Reserva Federal.
La revaluación del peso coincide con mínimos del petróleo. Colombia enfrenta un escenario de divisas baratas pero ingresos fiscales bajo presión geopolítica.
El giro restrictivo de la Reserva Federal fortalece al dólar y presiona a las monedas andinas, exponiendo la vulnerabilidad externa de Colombia.
El salto cambiario revela que la estabilidad del peso depende más de la credibilidad fiscal que del diferencial de tasas o la debilidad global del billete verde.
La IED acumulada a mayo cayó a US$3.679 millones. Sin señales claras de política económica, la recuperación del capital internacional luce lejana.
La estabilidad petrolera por la distensión en Oriente Medio presiona al alza la divisa en Colombia y redefine el riesgo regional.
La baja del dólar a $3.427 responde al debilitamiento global del billete verde y no a mejoras estructurales en Colombia, mientras la tasa de interés sigue en 11,25 %.
La apreciación del peso refleja factores externos y apuestas electorales, pero la volatilidad y la dependencia del petróleo exigen cautela ante la decisión de la Fed.
La divergencia entre la encuesta de hogares y los aportes a seguridad social sugiere que el empleo formal no crece al ritmo oficial y distorsiona la política pública.
La brecha entre las cifras del Dane y los registros de seguridad social genera incertidumbre en los mercados y exige una validación técnica urgente para proteger la credibilidad estadística.
La Superfinanciera aprobó la cesión de activos y pasivos. La operación consolida al Grupo Aval y redefine la estrategia regional de la entidad brasileña hacia el segmento corporativo.
La apreciación del peso antes de las elecciones refleja flujos de cartera y prudencia fiscal, no necesariamente confianza estructural en la política económica.
El repunte del euro y la alta volatilidad reflejan tensiones entre el arbitraje de tasas y la incertidumbre fiscal que enfrenta Colombia en 2026.
Buenos Aires estrena fondos inmobiliarios bursátiles. Colombia lleva años con el instrumento, pero sin la profundidad de mercado que hoy busca su vecino del sur.
La nueva herramienta educativa es un acierto institucional, pero insuficiente ante la asimetría entre la velocidad del cibercrimen y la respuesta regulatoria en Colombia.
Los clasificados de Manizales muestran una rotación de negocios que evidencia el agotamiento del modelo tradicional ante costos fijos y baja demanda.
Rentabilidades de hasta 12% en bolsillos bancarios reflejan tasas reales positivas en Colombia, un contraste con la represión financiera en economías vecinas.
La transferencia de activos a cambio de participación accionaria consolida un modelo integrado que fortalece la solvencia y la competencia en el eje Bogotá-Miami.
El anuncio de un ajuste de 1,5% del PIB para 2027 confirma el deterioro de las cuentas públicas y marca la agenda del próximo gobierno.
El dólar baja a $3.455, pero la volatilidad electoral y fiscal impide celebrar una tendencia sostenible sin reformas estructurales.
Seis de cada diez informales trabajan solos. Esta estructura laboral limita la acumulación de capital y la competitividad frente a pares regionales.
Los frenos institucionales del emisor limitan la influencia presidencial y protegen la estabilidad monetaria ante la polarización.
La revaluación del peso coincide con precios del crudo a la baja, generando un escenario complejo para la balanza comercial y las finanzas públicas.
Colombia reduce la pobreza por quinto año consecutivo, pero la mejora depende de transferencias y no de un crecimiento sostenido del ingreso laboral formal.
La caída del dólar bajo $3.500 combina debilidad externa y apuestas políticas. ¿Es un cambio estructural o una ventana coyuntural para la política económica?