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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Geopolítica · Análisis · 31 may 2026

Alemania gira a la derecha radical y redefine el eje atlántico europeo

El avance etnonacionalista en Alemania oriental amenaza la estabilidad institucional de la UE y obliga a repensar las alianzas hemisféricas que Colombia ha construido con Bruselas y Washington.

Alemania gira a la derecha radical y redefine el eje atlántico europeo — Geopolítica, ilustración editorial

La política alemana ha entrado en territorio desconocido. Alternativa para Alemania (AfD), partido de extrema derecha que hace una década era marginal, se perfila para gobernar Sajonia-Anhalt tras las elecciones de septiembre. No es un dato menor: es el primer territorio que un partido etnonacionalista podría controlar en Alemania desde la caída del Muro. La magnitud del cambio obliga a preguntarse qué significa esto para América Latina y, específicamente, para Colombia.

El quiebre institucional europeo

Cuando un partido que ha sido documentado negociando planes de expulsión masiva de inmigrantes llega a las puertas del poder ejecutivo regional, la UE enfrenta su crisis institucional más profunda desde la década de 1990. No se trata de un voto de protesta o de un fenómeno aislado: encuestas recientes muestran que AfD mantiene intención de voto cercana al 30% en varios Länder orientales. Esto no es comparable con gobiernos populistas que erosionan instituciones desde adentro (como sucede en Hungría o Polonia); es el riesgo de que una formación política con raíces ideológicas explícitamente nacionalistas y xenófobas asuma responsabilidades ejecutivas en el corazón de la UE.

El “cordón sanitario” que los partidos alemanes tradicionales han mantenido contra AfD comienza a fracturarse. Algunos conservadores locales consideran negociaciones. Cuando las democracias liberales empiezan a normalizar lo que antes era tabú, el sistema pierde coherencia.

Las implicaciones para el orden atlántico

Aquí es donde el tema toca a Colombia directamente. La arquitectura de seguridad y comercio que ha beneficiado a la región andina en las últimas tres décadas descansa en tres pilares: una UE integrada y liberal, una alianza trasatlántica funcional, y un Washington comprometido con reglas multilaterales (aunque sea de manera inconsistente). Un giro etnonacionalista en Alemania debilitaría los tres.

Una Alemania gobernada por fuerzas que cuestionan la integración europea y la OTAN crearía vacíos de poder que ni Francia ni Italia están en posición de llenar. Eso significaría una UE fragmentada, menos capaz de negociar tratados comerciales coherentes, menos interesada en cooperación con socios externos. Para Colombia, que depende de acceso preferencial a mercados europeos (especialmente en agroindustria y flores) y de cooperación en seguridad y gobernanza, una UE debilitada es una UE menos relevante.

Además, un debilitamiento de la alianza trasatlántica crearía presiones para que Washington se repliegue o redirecione su atención. La administración estadounidense ya ha mostrado ambigüedad respecto a compromisos multilaterales. Si Alemania, su principal socio europeo, se vuelve impredecible, Washington podría acelerar su pivote hacia Asia o hacia un aislacionismo selectivo que deje a América Latina sin el paraguas de seguridad que ha garantizado estabilidad relativa.

La lógica regional del etnonacionalismo

Lo que sucede en Sajonia-Anhalt no es un accidente. Alemania oriental sufrió desindustrialización tras la reunificación, desempleo estructural, y una sensación generalizada de abandono por parte de las élites de Berlín. El etnonacionalismo prospera en territorios donde hay resentimiento económico, percepción de pérdida de estatus, e inmigración visible. Es la misma fórmula que vimos en partes de Estados Unidos (Rust Belt), en el Reino Unido (Brexit), y que amenaza en Francia, Italia y Países Bajos.

Para la región andina, esto es una advertencia. Cuando los gobiernos no logran distribuir beneficios de la integración global, cuando la desindustrialización genera bolsas de desempleo, cuando la inmigración se convierte en chivo expiatorio: el espacio para fuerzas radicales crece. Colombia, Perú y Ecuador ya enfrentan presiones migratorias internas y externas. Si la respuesta política es etnonacionalista (como ha comenzado a serlo en algunos municipios), el riesgo de que la región se fragmente aumenta.

Lo que no debe suceder

La tentación de algunos gobiernos latinoamericanos será alinearse con movimientos etnonacionalistas europeos como respuesta al “globalismo” o a la “imposición de valores”. Eso sería un error estratégico. Un mundo donde Alemania, Francia, Italia y Países Bajos son gobernados por fuerzas que rechazan el multilateralismo no es un mundo mejor para países pequeños y medianos. Es un mundo de bloques cerrados, donde la capacidad de negociación de Colombia se reduce drásticamente.

Lo que debe suceder es que Colombia y otros países de la región mantengan presión diplomática en favor de que la UE resista la fragmentación institucional. No es intervención; es defensa del orden que ha permitido que países como el nuestro tengan opciones.

Conclusión

El avance de AfD en Alemania no es un problema alemán. Es un síntoma de que el modelo de integración global que conocemos está bajo estrés. Cómo responda Alemania—y cómo responda la UE—determinará si ese modelo se reforma o se colapsa. Para Colombia, el resultado no es académico: afecta mercados, seguridad y opciones geopolíticas para la próxima década.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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