Las elecciones presidenciales revelan qué importa electoralmente. Este año, el ambiente brilla por su ausencia. No es un descuido menor.
El riesgo no es solo que falte debate sobre regulación ambiental. Es que la ausencia ocurre en un momento donde tres dinámicas convergen sin que nadie las nombre juntas: primero, la competencia global por petróleo, tierras raras y oro; segundo, la presión militar en fronteras tras la designación estadounidense de grupos como terroristas; tercero, una fila de inversores esperando resultados electorales en Colombia, Perú y Brasil para iniciar proyectos minero-energéticos.
Botero, columnista de Cambio, lo señaló con claridad: esa confluencia no aparece articulada en ningún debate presidencial. Las decisiones sobre seguridad fronteriza y regulación ambiental ya no son paralelas. Convergen en territorios que coinciden con extracción de minerales estratégicos. Y esa intersección está fuera de la conversación pública.
El discurso interno es de euforia desarrollista. Candidatos repiten que el Estado debe reducirse y las leyes ambientales aplicarse “con pragmatismo”, sin “posiciones extremas”. Botero traduce: todo es viable con tecnología y compensaciones. La conservación estricta desaparece. Otros hablan de “licencia social” como requisito vinculante, pero sin resolver que grupos armados transforman territorio sin consultar ni compensar.
Como país polarizado, probablemente unos propongan eliminar requisitos de licenciamiento y retirarse de compromisos sobre consulta previa. Otros añadirán obstáculos que generan conflictividad. Lo ausente es un enfoque multidimensional: el ambiente no es un problema aislado de degradación. Es un nudo donde convergen criminalidad, narcotráfico, pobreza, presión geopolítica e inversión.
Súmese un Fenómeno del Niño que llegará con el nuevo gobierno. Ciudades y gobiernos regionales necesitarán coordinación sobre agua, energía, incendios, movilidad fluvial, seguridad alimentaria. Esa estructura institucional articulada no existe hoy. El próximo ejecutivo improvisará.
Desde conflictos normativos hasta geopolítica hemisférica, pasando por el rol del conflicto armado en degradación territorial, existe una agenda ambiental seria que quedó fuera de campañas. Eso no es accidental. Es una ausencia política.