América de Cali se despidió de la Copa Sudamericana en la peor forma posible: sin generar una amenaza de gol real. El empate sin anotaciones frente a Deportivo Macará, en el Pascual Guerrero, lo dejó tercero en el grupo A con 9 puntos. Macará, en cambio, cerró primero con 10 unidades y avanzó directo a octavos de final.
El partido fue un reflejo de la dificultad del equipo caleño para encontrar soluciones ofensivas. Desde el primer tiempo, América no logró conectar con sus delanteros Tomás Ángel y Adrián Ramos. Los intentos fueron principalmente por aire o desde distancia, sin profundidad ni claridad. Macará, dirigido por Guillermo Sanguinetti, cumplió con su plan: defensa ordenada, robo de balón rápido y espacio para contraatacar. No fue brillante, pero fue efectivo.
Los números lo dicen todo. En el minuto 51, Darwin Machis y Tomás Ángel tuvieron la mejor oportunidad: dos remates consecutivos que pegaron en el travesaño. Luego, poco más. Macará no necesitaba más que un empate; América necesitaba ganar y no pudo. La lesión de Mateo Castillo en el primer tiempo complicó aún más la salida desde el fondo, y los cambios ofensivos (Yeison Guzmán, Carlos Sierra, Daniel Valencia) nunca encontraron ritmo.
El contexto agrava la eliminación. Mientras América se despedía sin goles, Tigre de Argentina derrotaba a Alianza Atlético 2-0 en Victoria, lo que los dejaba segundos en la tabla y eliminaba al rojo por enfrentamientos directos. Ambos terminaron con 9 puntos, pero la ventaja en directo fue de los porteños.
Para Cali, la salida de la Sudamericana cierra un semestre difícil en competiciones internacionales. El rojo no logró armar una estrategia que funcionara frente a un rival que, sin ser superior, fue más pragmático. Sin goles en el Pascual Guerrero, el equipo que dirige David González tendrá que concentrarse en la liga doméstica y analizar por qué la creatividad ofensiva se detuvo en un partido que lo definía todo.