La banca comercial sigue haciendo el trabajo que la política industrial no termina de definir. Bancolombia ejecutó 953 transacciones por más de US$110 millones en importaciones de maquinaria, vehículos y soluciones logísticas durante el período reportado, atendiendo a 212 empresas. El dato no es anecdótico: muestra dónde está realmente el capital de riesgo en Colombia cuando se trata de modernizar la base productiva.
El mercado llena el vacío de estrategia
La cifra contrasta con el discurso oficial. Mientras el gobierno debate subsidios, aranceles defensivos y planes de “reindustrialización”, las empresas colombianas siguen importando lo que necesitan para competir. Eso es racional: un fabricante que requiere un molde de precisión alemán o una grúa portuaria no espera a que Bogotá defina una “política de sustitución de importaciones”. Importa, financia con banca local y produce.
Lo interesante es quién financia. Bancolombia no es una agencia de desarrollo. Es un banco de mercado que evalúa riesgo crediticio. Si está canalizando capital hacia importaciones de activos productivos —no de consumo, no de especulación— es porque ve viabilidad en esos proyectos. Eso sugiere que hay empresas colombianas con flujo de caja suficiente para servir deuda en dólares y con proyecciones que justifican la inversión en capacidad productiva.
Comparación regional: quién invierte en qué
En la región andina, el patrón es revelador. Perú ha visto caídas recientes en importaciones de bienes de capital (según datos del BCRP), mientras que Ecuador lucha con restricciones cambiarias que desalientan estas transacciones. Colombia, por su parte, mantiene acceso a financiamiento en dólares y un mercado de crédito menos regulado que el de sus vecinos. Eso explica por qué empresas regionales a veces importan a través de subsidiarias colombianas.
El contraste con Venezuela es aún más marcado. Caracas no tiene acceso a crédito internacional para importaciones productivas hace años. El resultado: capacidad instalada ociosa, desinversión acumulada y dependencia de importaciones de consumo en el mercado negro.
Qué dice esto sobre la competitividad real
Tres lecturas posibles:
Primera: hay demanda genuina de modernización. Las 212 empresas que importaron activos productivos están apostando a productividad, no a especulación. Eso es positivo.
Segunda: la banca privada está haciendo mejor trabajo de selección de riesgos que lo que haría una agencia estatal de crédito. Bancolombia no financia proyectos inviables por razones políticas. Eso tiene un costo social (excluye a empresas pequeñas sin historial crediticio), pero tiene una virtud: no genera cartera vencida sistémica.
Tercera: el acceso a crédito en dólares sigue siendo un privilegio de empresas medianas y grandes. Las microempresas y pequeños fabricantes que no pueden acceder a estos instrumentos quedan fuera. Eso profundiza la brecha de productividad entre segmentos.
El riesgo de la dependencia
Aquí viene la advertencia. Importaciones de activos productivos financiadas en dólares crean un pasivo en moneda extranjera. Cuando el peso se deprecia —como ocurrió en 2022-2023—, el costo real de servir esa deuda sube. Las empresas que importaron maquinaria en 2024 con dólar a 4.000 pesos enfrentan presión si la tasa sube a 4.500 o 5.000.
Eso no es un problema de Bancolombia. Es un problema estructural: Colombia sigue dependiendo de importaciones de bienes de capital porque la oferta local es insuficiente. La inversión en I+D industrial es baja comparada con países de ingreso medio-alto (según datos de COLCIENCIAS y el Banco Mundial). Mientras eso no cambie, las empresas seguirán importando y endeudándose en dólares.
Implicaciones para la política comercial
El gobierno actual ha mostrado escepticismo hacia los tratados de libre comercio y ha considerado aumentos arancelarios defensivos. Si esa retórica se convierte en política, el primer efecto será el encarecimiento de estas importaciones de activos productivos. Una empresa que hoy importa una máquina por US$500.000 pagaría más si se añaden aranceles del 10-15%.
Eso reduciría la inversión en modernización. No porque las empresas sean menos ambiciosas, sino porque el costo de capital subiría. Y eso, a mediano plazo, afecta la competitividad de las exportaciones colombianas.
Conclusión
Los US$110 millones de Bancolombia no son un síntoma de fortaleza industrial. Son un síntoma de que la industria colombiana sigue siendo dependiente de importaciones de tecnología y capacidad. Lo positivo es que hay acceso a financiamiento. Lo preocupante es que ese acceso sea selectivo y que la estrategia de largo plazo siga siendo importar, no producir localmente.
La política industrial real no se define en discursos sobre “reindustrialización”. Se define en decisiones sobre aranceles, crédito, educación técnica y protección de derechos de propiedad. Mientras eso no esté claro, los bancos seguirán financiando importaciones y las empresas seguirán endeudándose en dólares.