Beatriz Arango, periodista especializada en moda, convocó a cerca de 100 seguidores a una función especial de cine en Cinemark El Tesoro. La proyección fue de “El diablo viste a la moda”, la película de 2006 que se convirtió en un clásico de la industria de la moda en pantalla.
El evento refleja una estrategia cada vez más común entre figuras públicas que trabajan en redes sociales: convertir la audiencia digital en encuentros presenciales. Para Arango, que ha construido su presencia en plataformas como Instagram a través de análisis de tendencias y comentarios sobre el sector textil, este tipo de activaciones permite fortalecer la conexión con su comunidad fuera de la pantalla.
El detalle importa porque muestra cómo la influencia en redes se traduce en poder de convocatoria en espacios físicos. No es solo una proyección de cine: es un evento que refuerza la marca personal de quien la organiza y, de paso, genera contenido para las redes. La película elegida tampoco es casual. “El diablo viste a la moda” es la referencia obligada para quien trabaja en moda: una película que habla sobre el poder, la ambición y cómo se construyen carreras en una industria que parecería superficial pero que mueve decisiones globales de consumo.
Para Cinemark, además, eventos como este son una oportunidad de llenar salas en horarios que podrían estar por debajo de la ocupación esperada. Es un acuerdo que funciona para ambas partes: la periodista consigue un espacio y una audiencia cautiva; el cine consigue ocupación y la posibilidad de que esos 100 asistentes compren snacks y vuelvan con sus amigos en otros horarios.
La pregunta que queda abierta es si esto es un evento aislado o el inicio de una serie. En un contexto donde las figuras públicas buscan constantemente nuevas formas de monetizar y expandir su influencia más allá de publicidades en redes, las funciones privadas de cine podrían convertirse en un formato recurrente.