Campoalegre ha construido su identidad económica sobre el arroz. El municipio del Valle Alto del Magdalena se reconoce regionalmente como “La Capital Arrocera del Huila”, un posicionamiento que celebra cada agosto con su Reinado Departamental del Arroz y que le ha valido reconocimiento nacional por la calidad del grano.
Pero la estrategia local no se detiene ahí. Según información de La Nación, el municipio ha diversificado sus cadenas productivas hacia el café, el cacao y la piscicultura en el embalse de Betania, y más recientemente hacia el agroturismo. Para operar esta oferta, cuenta con veinte prestadores de servicios turísticos: dos agencias de viajes, un restaurante, una plataforma de reservas, una empresa de transporte terrestre y quince alojamientos que suman ciento diecisiete habitaciones.
La apuesta incluye nichos específicos. En Río Neiva operan programas de bienestar enfocados en nutrición y psicología para atender la obesidad. En Otas hay actividades de apicultura vinculadas a propiedades de productos de la colmena para enfermedades metabólicas. El territorio suma un activo histórico: fue residencia del Presidente José Hilario López, bajo cuyo mandato finalizó la esclavitud en Colombia, y fue pionero junto con Palermo en la Reforma Agraria del Frente Nacional.
La pregunta no es si la diversificación es atractiva en papel: claramente lo es. El desafío está en la ejecución. Un municipio pequeño enfrenta obstáculos reales de infraestructura, conectividad digital y capacidad de promoción para competir en un mercado de turismo rural que ya está saturado de ofertas similares en la región andina colombiana. La combinación de patrimonio, bienestar y agroturismo funciona como narrativa. En terreno, dependerá de inversión pública, articulación entre prestadores y acceso a canales de comercialización digital que alcancen demanda suficiente.