El gobierno de Abelardo De la Espriella, todavía en transición, puso sobre la mesa el programa Casa Milagro como sustituto de Mi Casa Ya. Lo hizo por boca de Jaime Andrés Beltrán, exalcalde de Bucaramanga y ministro de Vivienda designado, en entrevista con Caracol Radio recogida por El Heraldo.
Mi Casa Ya existe desde 2015. Entregó subsidios a la cuota inicial y cobertura de tasa para hogares con ingresos de hasta cuatro salarios mínimos mensuales legales. Durante la administración Petro, según el propio Beltrán, el esquema enfrentó modificaciones de requisitos, retrasos en desembolsos y suspensiones temporales de postulaciones por ajustes presupuestales y operativos. La crítica del nuevo gobierno es directa: cuatro años de decretos que, en su lectura, desmontaron la política.
Casa Milagro se anuncia con tres componentes. Primero, retomar la línea de Mi Casa Ya bajo un modelo nuevo. Segundo, articular entidades públicas y privadas —Fondo Nacional del Ahorro, cajas de compensación y bancos— para ofrecer créditos con tasas cercanas al 2 por ciento real, mediante una combinación de subsidio, crédito y beneficios cruzados. Tercero, ampliar el foco hacia mejoramiento de vivienda, legalización de barrios y acceso a servicios públicos.
El problema es que, hasta ahora, hay eslogan y diagnóstico. No hay decreto, no hay ficha técnica, no hay cifra de cobertura ni de costo fiscal.
Beltrán dijo que trabaja con el ministro de Hacienda y que el presidente electo hará el anuncio el 7 de agosto, dentro del paquete de decretos de inicio de gobierno. Esa fecha coincide con la posesión presidencial del 7 de agosto de 2026, según el calendario constitucional. La coincidencia no es menor: si Casa Milagro arranca por decreto, su sostenibilidad dependerá de qué tan rápido el Congreso apruebe el Presupuesto General de la Nación para la vigencia siguiente y de cómo se concilie con el Marco Fiscal de Mediano Plazo.
Hay preguntas que el anuncio no responde.
Una. ¿Cuál será el universo de beneficiarios? Mi Casa Ya atendía hogares de menores ingresos. Si Casa Milagro conserva ese corte, el subsidio a la cuota inicial debe ser explícito. Si lo amplía, el costo fiscal sube y el Ministerio de Hacienda tendrá que decirlo.
Dos. ¿De dónde sale el dinero para subsidiar la tasa hasta 2 por ciento? La diferencia entre la tasa de mercado y la subsidiada la asume el Presupuesto Nacional. Beltrán habló de “diferentes fuentes”, pero no mencionó cuál será el aporte del Fondo Nacional del Ahorro, cuál el de las cajas y cuál el del Tesoro.
Tres. ¿Qué pasa con los hogares que hoy están en trámite dentro de Mi Casa Ya? El programa tiene postulaciones activas y procesos de desembolso en curso. Una transición mal calibrada puede dejar familias sin respuesta.
Cuatro. ¿Cómo se articulará el componente de legalización de barrios? Esa tarea suele ser municipal. Si Casa Milagro la asume, requerirá convenios con alcaldías y un cronograma verificable.
El diagnóstico del gobierno entrante sobre el deterioro de Mi Casa Ya es discutible pero defendible. Lo que no es defendible es vender un programa nuevo por anticipado, con nombre y promesa, antes de publicar una sola línea presupuestal.
La política de vivienda no se mide por titulares. Se mide por hogares efectivamente desembolsados, por número de escrituras registradas y por reducción del déficit habitacional cuantificado por el DANE. Cuando el 7 de agosto se publique el decreto, esa será la métrica. Mientras tanto, Casa Milagro es una intención.