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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Tendencias · Análisis · 29 may 2026

Catalina Santamaría documenta el legado de los squatters colombianos en Nueva York

Un largometraje de más de dos décadas captura cómo inmigrantes colombianos revivieron edificios abandonados en Manhattan y construyeron comunidad antes de que la legalización cambiara todo.

Catalina Santamaría documenta el legado de los squatters colombianos en Nueva York — Tendencias, ilustración editorial

La documentalista colombiana Catalina Santamaría completó hace poco ‘Squatters/Okupas’, un largometraje que arrancó casi por casualidad en 1995 cuando una visitante casual se convirtió en cronista de un mundo que ya desaparecía. El film cuenta cómo grupos de personas, varios de ellos colombianos, ocuparon edificios ruinosos en el Lower East Side de Manhattan y los transformaron en espacios de arte, encuentro y resistencia.

El proyecto tardó más de veinte años en tomar forma. Santamaría llegó a Nueva York en 1995 para estudiar cine. Conoció a Ricardo Peña, poeta colombiano que vivía en Umbrella House, un edificio ocupado. Esa visita inicial generó las primeras grabaciones en 16 milímetros, aunque sin un plan claro. Cuando Peña murió en 2011, Santamaría regresó a grabar en el apartamento. Fue entonces cuando su amigo Orlando le reveló que él había sido squatter y fundador de Puerta 10, otro edificio ocupado. Orlando conservaba décadas de video sobre la transformación del lugar. Ese archivo cambió todo: Santamaría entrevistó a Orlando en 2018, surgieron nuevos personajes, más historias, más material guardado durante años por los propios protagonistas.

Lo que fascinaba a Santamaría era la vida dentro: apartamentos enormes convertidos en lofts de artistas, espacios con telares, pintura, escultura. Arepa, chocolate, conversaciones sobre arte. Puertas abiertas. Música constante. “Eran espacios muy alejados de cualquier idea convencional de vivienda”, recuerda. El cineasta Luis Ospina le sugirió expandir el cortometraje inicial a largometraje cuando vio su potencial.

Las grabaciones principales ocurrieron entre 2018 y 2020, justo antes de la pandemia. Las últimas en 2021. Aurelio Caro, compositor, escribió la música original combinando escalas judías, tango, salsa, jazz. Eso aportó textura humana a la narrativa.

Pero hay un giro amargo en la crónica. Cuando Santamaría volvió a esos edificios en 2021, todo había cambiado. Los edificios se legalizaron. Para los residentes fue alivio: dejaron de vivir bajo amenaza de desalojo. Pero para quienes visitaban, “algo cambió profundamente. Las puertas comenzaron a cerrarse”. La comunidad que Ricardo Peña había alimentado con música y puertas abiertas se dispersó. La legalización fue necesaria y positiva en términos prácticos, pero marcó el fin de esa forma de vida alternativa que el documental documenta.

Es una película sobre la nostalgia de un momento específico de Nueva York que ya no existe. No es un panfleto sobre la ocupación. Es un registro de personas que hicieron habitable lo inhabitable y crearon comunidad sin permiso. Luego tuvieron que pedirlo, y algo se perdió.

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Columnista de La Bitácora

Valentina Ocampo Lozano

28 años, Cali. Comunicación Social Universidad del Valle. Especialista en ecosistemas de X y Bluesky.

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