Iván Cepeda entregó este lunes un certificado firmado por el oncólogo Luis Leonardo Rojas en el que se reporta que, desde 2022, no presenta recaídas de los dos cánceres que le fueron diagnosticados. El documento indica que el senador se encuentra “exclusivamente en seguimiento oncológico”, con controles periódicos y estudios de laboratorio, y que no hay “evidencia hasta el momento de nuevas recaídas en su enfermedad”.
La divulgación se produce dos semanas después de la primera vuelta y un día antes de que venciera el plazo para responder un derecho de petición enviado por La Silla Vacía, según reportó ese mismo portal. La Silla había señalado en mayo que, pese a que Cepeda afirmaba que su estado de salud era “verificable”, la campaña no había entregado los soportes médicos solicitados.
El historial clínico conocido hasta ahora es el siguiente. En 2018, según la información divulgada por el propio candidato, le fue detectado un cáncer de colon en fase temprana, tratado con cirugía y quimioterapia. En junio de 2021 se le diagnosticó una lesión cancerígena en el hígado, tratada con quimioterapia hasta enero de 2022, cuando se le extirpó. Desde entonces, según el certificado del doctor Rojas, no se han registrado nuevas recaídas.
Sobre el médico tratante, La Silla Vacía reportó que el doctor Leonardo Rojas se desempeña como especialista en oncología y dirige una unidad funcional en la Fundación CTIC-Luis Carlos Sarmiento Angulo, centro construido con la filantropía del banquero dueño del Grupo Aval. La Silla también recordó que ese grupo empresarial ha sido objeto de críticas y ataques desde el Pacto Histórico, lo que hace previsible que el certificado sea disputado en redes y, eventualmente, en escenarios judiciales por parte de los seguidores de la otra candidatura.
La decisión de Cepeda no se dio en el vacío. Abelardo de la Espriella, su contendiente en segunda vuelta y dieciséis años menor, publicó antes sus exámenes médicos y su historia clínica completa. En ese documento, firmado por el internista Sergio Andrés Estarita Torres, el único hallazgo reportado es una “leve elevación del colesterol total con perfil”. La comparación es inevitable: frente a un hombre de 42 años con un cuadro benigno, un senador de 58 con dos cánceres documentados queda obligado a un estándar de transparencia mayor, no menor.
La segunda vuelta, además, se mueve en una zona de ruido que no ayuda a nadie. Las campañas intercambian certificaciones, pero los medios de verificación independientes quedan reducidos a publicar lo que cada equipo decide mostrar. En Colombia no existe, como sí ocurre en algunos países, la obligación legal de un candidato presidencial de publicar su historia clínica. La transparencia, en este punto, depende enteramente de la voluntad política de los competidores y de la presión informativa.
La presión, en este caso, funcionó. El derecho de petición de La Silla Vacía y la decisión de De la Espriella de hacer público su propio historial clínico configuraron un escenario en el que el silencio dejó de ser viable. Conviene recordarlo: la respuesta llegó no por iniciativa del senador, sino porque el reloj corría y la narrativa adversa ya estaba armada.
Quedan, al menos, dos preguntas que el certificado de 17 líneas no resuelve. Primera: ¿cuál es la periodicidad de los controles y dónde se realizan? Segunda: ¿el equipo de campaña está dispuesto a entregar la historia clínica completa y no solo el resumen firmado por un solo especialista? En campañas previas, candidatos como Óscar Iván Zuluaga y Gustavo Petro publicaron sus historias clínicas íntegras. Ese es el patrón, no la excepción.
Por ahora, lo verificado es lo que el propio médico tratante escribió: remisión desde 2022, sin recaídas. Lo que reste por verificar dependerá del rigor con que la prensa y los organismos de control ejerzan su tarea en las próximas semanas.