El artículo de La República presenta a Claro como constructor de infraestructura de innovación en Colombia, subrayando tres décadas de conectividad desde grandes ciudades hasta regiones apartadas. El texto no está completo en la fuente, pero el marco es claro: pintar al operador como motor de transformación digital nacional.
El problema no es que Claro tenga infraestructura. La tiene. El problema es la ausencia de distancia editorial. No hay mención a: costos de acceso, cobertura real versus cobertura anunciada, inversión pública en infraestructura que Claro aprovecha, o competencia. La pieza lee como contenido corporativo disfrazado de análisis.
Para quien no siguió el hilo: en Colombia, los operadores de telecomunicaciones operan en un mercado concentrado con débil regulación de precios. Claro, América Móvil y Movistar controlan la mayor parte del mercado. Cualquier narrativa sobre “innovación” sin mencionar accesibilidad o competencia es incompleta.
¿Por qué importa? Porque cuando un medio de alcance nacional publica esto sin aclaraciones, normaliza que los operadores cuenten su propia historia sin escrutinio. La innovación existe. La infraestructura existe. Pero también existe el debate sobre si esa infraestructura llega donde debe y a qué precio. La República no lo toca.