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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 28 may 2026

Colombia mantiene la matriz energética más limpia de América Latina

Con 62,8% de generación hidráulica, Colombia se posiciona como referente regional en transición energética, aunque la volatilidad climática y la demanda creciente exigen diversificación acelerada.

Colombia mantiene la matriz energética más limpia de América Latina — Mercados, ilustración editorial

La estructura energética de Colombia sigue siendo un activo geopolítico subestimado en las negociaciones comerciales regionales. Mientras la matriz global se debate entre descarbonización y seguridad energética, nuestro país mantiene una posición envidiable: más del 60% de su generación proviene de fuentes hidráulicas, lo que la sitúa entre las más limpias del planeta.

Esa ventaja comparativa, sin embargo, no es sinónimo de estabilidad. La dependencia de la hidrología es tanto fortaleza como vulnerabilidad estructural.

El privilegio que se erosiona

Los datos disponibles muestran que la generación hidráulica representa el 62,8% de la matriz energética nacional. Para contextualizar: Brasil, con su vasta capacidad hidroeléctrica, oscila entre 55% y 65% según ciclos de lluvia. México depende más de gas natural (35%) y carbón (25%). Perú, nuestro vecino andino, también tiene alta penetración hidráulica (cerca del 55%), pero enfrenta conflictividad social que paraliza proyectos de expansión.

Colombia, entonces, hereda un privilegio: energía barata, abundante y de bajo carbono. Eso reduce costos de producción para industrias electrointensivas (cemento, acero, refinación) y mejora la competitividad en sectores como agroindustria y manufactura. Es un factor invisible en los análisis de productividad, pero real.

El problema es que ese privilegio es frágil. La penetración de energías renovables alternativas (solar, eólica) apenas alcanza el 7,6% en el caso solar, según reportes recientes. Eso significa que cuando llueve menos —como ocurrió en 2022 y 2023— el sistema se tensa. Racionamientos, alzas de precios spot, presión sobre las finanzas públicas por subsidios a usuarios residenciales.

La trampa de la abundancia

Aquí viene la paradoja que afecta a toda la región andina: la abundancia energética desincentiva la inversión en diversificación. ¿Por qué invertir en solar o eólica si el agua es gratis? Esa lógica cortoplacista ha dejado a Colombia, Perú y Ecuador rezagados en capacidad instalada de renovables comparado con Brasil, que ya supera el 20% en solar y eólica combinadas.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) proyecta que la demanda eléctrica en América Latina crecerá 50% en la próxima década, impulsada por electromovilidad, minería verde y crecimiento urbano. Colombia no puede satisfacer ese aumento solo con hidrología. Necesita diversificación urgente.

Pero hay otra capa: los mercados internacionales ya premian la descarbonización. Compradores europeos y estadounidenses exigen cadenas de suministro con huella de carbono verificable. Eso es una oportunidad para sectores como floricultura, café, cacao y manufactura colombiana. Mantener la matriz limpia es requisito competitivo, no solo ambiental.

Implicaciones para la región

Perú enfrenta un dilema más agudo. Tiene capacidad hidráulica sin explotar, pero la conflictividad indígena y ambiental bloquea proyectos. Ecuador, con menor capacidad hidroeléctrica que Colombia, ya depende más de térmicas. Bolivia, con recursos de gas natural, se debate entre exportación y demanda interna.

Colombia, en cambio, tiene margen. Pero ese margen se cierra rápido si no actúa. La inversión en solar y eólica en zonas de La Guajira, Cesar y Magdalena es urgente. No es ideología verde: es economía. Un sistema energético diversificado es más resiliente, más barato en el largo plazo y más atractivo para inversión extranjera directa en sectores de alto valor agregado.

El gobierno actual ha avanzado en regulación de renovables, aunque con ritmo lento. Las subastas de energía limpia han atraído interés, pero la capacidad instalada sigue siendo marginal. Comparado con Brasil (que ya tiene 30 GW de solar instalada) o México (que superó 10 GW), Colombia está rezagada.

El cálculo geopolítico

Hay un factor adicional: la transición energética global es también una reconfiguración de poder. Los países que dominen tecnología solar y baterías (China, Alemania) ganarán influencia. Los que logren matrices 100% limpias tendrán ventaja diplomática en negociaciones comerciales. Colombia puede ser uno de ellos, pero no por inercia.

Mantener la matriz limpia es un logro. Diversificarla es una necesidad. El próximo lustro definirá si Colombia aprovecha su ventaja inicial o si se convierte en otro caso de abundancia desperdiciada.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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