El Eje Cafetero vuelve a enfrentar un dilema que resume los cuellos de botella del comercio regional colombiano. Conexión Centro, una propuesta de origen privado liderada por Odinsa Vías, pretende mejorar la conectividad vial en una zona que históricamente ha sufrido fragmentación logística. El proyecto no es nuevo en concepto, pero su materialización sigue atrapada en la brecha entre la viabilidad técnica y la decisión política.
La geografía como destino económico
Risaralda, Quindío y Caldas concentran el 12% de la producción cafetera nacional y generan encadenamientos hacia agroindustria, turismo y manufactura liviana. Sin embargo, la infraestructura vial sigue siendo un cuello de botella. Los tiempos de tránsito hacia Bogotá, la costa Caribe y el Pacífico permanecen por encima de los estándares regionales. Mientras que desde el Valle del Cauca se llega a Buenaventura en 8 horas, desde Pereira el trayecto se extiende significativamente, encareciendo la logística y reduciendo competitividad.
Conexión Centro promete mejorar esos tiempos mediante una red vial integrada que conecte los tres departamentos con corredores nacionales. En términos de retorno social, el proyecto tiene lógica: reducción de costos de transporte, integración de mercados locales, atracción de inversión en zonas de influencia. El análisis costo-beneficio, cuando existe, suele mostrar tasas internas de retorno positivas.
El nudo institucional
Aquí comienza el problema real. Odinsa Vías, como originador, ha presentado la propuesta al Gobierno nacional solicitando claridad sobre el marco de viabilidad. La pregunta es legítima: ¿bajo qué esquema de financiamiento? ¿Asociación público-privada (APP)? ¿Concesión tradicional? ¿Cofinanciamiento con fondos de regalías o del Fondo de Desarrollo Regional (FDR)?
Colombia ha avanzado en marcos regulatorios para infraestructura (la Agencia Nacional de Infraestructura existe desde 2011), pero la ejecución sigue siendo lenta. Un proyecto de esta envergadura requiere:
- Estudios de prefactibilidad y factibilidad (6-12 meses)
- Evaluación ambiental (4-8 meses)
- Trámites de licenciamiento (variable, 8-18 meses)
- Definición de estructura financiera (3-6 meses)
- Procesos de licitación (4-6 meses)
El tiempo total, incluso en escenarios optimistas, ronda los 3-4 años antes de que comience la construcción. Mientras tanto, los costos de oportunidad se acumulan: empresas que invierten en otras regiones, productores que buscan corredores alternativos, talento que emigra.
Comparación regional
En el Pacífico ecuatoriano, proyectos similares de integración vial han tardado menos gracias a estructuras de decisión más centralizadas (aunque menos democráticas). En Perú, la iniciativa privada en infraestructura ha avanzado más rápido cuando existe claridad regulatoria desde el inicio. Brasil, con sus limitaciones fiscales actuales, ha acelerado APP mediante fondos de pensión y bancos de desarrollo.
Colombia tiene ventajas que no aprovecha: estabilidad macroeconómica relativa, mercado de capitales funcional, experiencia en APP (Ruta del Sol, aunque con controversias). Lo que falta es velocidad decisoria.
Qué esperar
El Gobierno debe responder con un cronograma claro. No necesariamente aprobando el proyecto tal como está, sino estableciendo:
- Viabilidad fiscal: ¿hay espacio presupuestario o debe ser 100% privado?
- Prioridad sectorial: ¿dónde se ubica Conexión Centro en la cartera nacional de infraestructura?
- Riesgos regulatorios: cambios en licenciamiento ambiental, derechos de vía, compensaciones a terceros.
Para Odinsa Vías, la paciencia tiene límite. Si la respuesta tarda más de 6 meses, el capital privado busca oportunidades en otras jurisdicciones. Eso no es amenaza; es economía básica.
El Eje Cafetero merece mejor. No por nostalgia histórica, sino porque la región tiene potencial de crecimiento real si se destraban los nudos logísticos. Conexión Centro es una oportunidad. La pregunta es si la institucionalidad colombiana puede responder a tiempo.