Cúcuta vivió una noche de violencia concentrada. Entre las 5 de la tarde y pasadas las 9 de la noche del lunes 25 de mayo, cuatro ataques armados dejaron un saldo de un muerto, tres heridos y una mujer lesionada en sectores dispersos de la ciudad.
El primer ataque ocurrió alrededor de las 5 p.m. en La Curva Pelelojo, entre los barrios Cuberos Niño y Santo Domingo. Una hora después, pasadas las 8 p.m., un joven fue atacado a tiros en un parque público del barrio El Salado mientras compartía con amigos. Ambos reciben atención médica.
A las 9:10 p.m., en la avenida 6E con calle 10 del barrio La Riviera, se registró otro tiroteo. Al menos cinco disparos fueron dirigidos contra un hombre. La Policía intervino y lo trasladó a una clínica. El ataque más reciente y letal ocurrió en el centro, en la calle 8 con avenida 2. Una pareja fue atacada a bala: el hombre murió en el lugar y la mujer fue herida.
Las autoridades no han ofrecido información sobre móviles, responsables identificados o si los ataques están conectados. La Policía adelanta investigaciones en cada caso. La concentración temporal de violencia en zonas geográficamente distintas plantea preguntas sobre coordinación o coincidencia, pero hasta ahora no hay claridad pública sobre patrones comunes.
Cúcuta enfrenta una crisis de seguridad estructural que rebasa estos episodios puntuales. La ciudad, ubicada en la frontera con Venezuela y atravesada por conflictos entre grupos criminales y disidencias, ha normalizado escenas de este tipo. Lo que sorprende no es que ocurran, sino que continúan sin respuestas visibles de contención.