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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Judicial · Análisis · 9 jun 2026

Cúcuta y el silencio que rodea a los periodistas

La captura de un presunto sicario no resuelve la pregunta de fondo: por qué matar a un periodista frente a su familia en pleno 2026.

Cúcuta y el silencio que rodea a los periodistas — Judicial, ilustración editorial

El crimen, los datos y lo que falta

El pasado sábado fue atacado en Cúcuta el periodista Cristian Herrera. Recibió nueve impactos de bala delante de sus hijos y de su esposa, según reportó El Tiempo. Este lunes se conoció la captura de un presunto sicario y de dos personas que, de acuerdo con la investigación, habrían participado en la logística del hecho.

La noticia trae alivio parcial. También deja preguntas que la Fiscalía y la Policía deben responder con nombres propios y no con comunicados.

Lo que la captura acredita, y lo que no

A la fecha, la información disponible indica que se trata de tres personas aprehendidas en el marco de una investigación en curso. No se conocen aún los móviles, los autores intelectuales ni el nivel de avance de la labor judicial. Atribuyo lo que sigue a la fuente ya citada, porque conviene repetirlo: El Tiempo señala que se trata de un “presunto sicario” y de dos personas que “habrían realizado la logística del crimen”. Esa precisión no es gratuita. La palabra “presunto” separa la captura de la condena, y mientras esa línea no se cruce en un fallo ejecutoriado, cualquier señalamiento de responsabilidad sigue siendo provisional.

Eso, sin embargo, no exime al Estado de una obligación anterior: investigar con prontitud y proteger a los comunicadores en zonas donde el ejercicio del periodismo se ha vuelto, según múltiples reportes, una actividad de alto riesgo. Cúcuta, por su condición de frontera y por la convergencia de economías ilegales, ha sido durante años escenario de hechos violentos contra líderes sociales, excombatientes y, ocasionalmente, periodistas. La acumulación de casos configura un patrón que la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía General de la Nación deberían estar caracterizando con precisión estadística.

Periodismo regional y desprotección

Herrera se desempeñaba como comunicador local. Trabajaba en una plaza donde las redacciones son pequeñas, donde los equipos de protección personal son una rareza y donde la relación con las fuentes suele construirse a fuerza de presencia territorial. Eso explica, en parte, por qué su nombre se suma a una lista que debería ser más corta.

Tres consideraciones editoriales:

  • El tiempo entre el hecho y la captura importa. Si los resultados preliminares de la investigación apuntan a una estructura logística —plata, vehículos, comunicación—, esa trazabilidad suele depender de interceptaciones, testigos protegidos y cooperación interinstitucional. La sociedad civil заслуживает saber cuál de esos instrumentos funcionó y en qué plazo.
  • El móvil no puede quedarse en el vacío. Sin móvil documentado, la captura corre el riesgo de convertirse en un cierre aparente. La Fiscalía debe explicar si se trató de retaliación por publicaciones, disputa territorial, deuda personal u otra hipótesis. Cada escenario exige líneas de investigación distintas.
  • La protección a la familia de la víctima es prioritaria. Si el ataque ocurrió frente a menores de edad, la activación de rutas de atención psicológica y de protección debe ser inmediata, no reactiva.

Una exigencia que se repite

Colombia acumula, año tras año, comunicados oficiales de rechazo a la violencia contra periodistas, seguido de investigaciones que avanzan a ritmos desiguales. La Fundación para la Libertad de Prensa ha documentado esta brecha en múltiples ocasiones. La reiteración de la condena no sustituye la consistencia en la judicialización.

La captura de un presunto sicario es un primer paso. Pero en un Estado de derecho la prueba de fondo no es la inmediatez del procedimiento, sino su resultado: proceso terminado con sentencia, autores intelectuales identificados, estructuras desmontadas, verdad entregada a la familia y a la sociedad. Cualquier cosa distinta a eso convierte el anuncio en espectáculo.

Cúcuta merece, como cualquier ciudad del país, un periodismo que pueda ejercerse sin calcular la probabilidad de un atentado. La política de seguridad del Estado, y específicamente la Unidad Nacional de Protección, tiene frente a este caso un examen que no admite respuestas genéricas.

Por ahora, la información disponible es la contenida en el reporte citado. Cualquier afirmación adicional sobre la responsabilidad de terceros debe esperar a la culminación de la investigación y a las decisiones de la Fiscalía. Esa prudencia no es tibieza: es respeto por el debido proceso, y es la única forma de construir una condena que no se desmorone en una apelación.

El periodismo colombiano no necesita más declaratorias. Necesita resultados judiciales sostenidos. Este caso, por sus circunstancias, se convirtió en uno donde el país podrá medir si la respuesta institucional está a la altura del riesgo que enfrentan quienes informan.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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