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La Bitácora

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Geopolítica · Análisis · 4 jul 2026

De La Espriella apuesta por Guyana para reactivar el gas

La alianza con Georgetown en energía y seguridad marca un giro atlantista y pragmático frente al aislamiento energético de los últimos años.

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De La Espriella apuesta por Guyana para reactivar el gas — Geopolítica, ilustración editorial

El anuncio del presidente electo Abelardo De La Espriella sobre una alianza estratégica con Guyana en materia de seguridad y gas natural no es un gesto protocolario más de la transición. Representa, en cambio, una señal temprana de reordenamiento geopolítico y una admisión tácita de la urgencia energética colombiana. Al elegir a Mohamed Irfaan Ali como primer interlocutor clave en el Caribe anglófono antes de su posesión el 7 de agosto, el mandatario entrante prioriza la pragmatismo económico y la seguridad hemisférica sobre la ideología regional que caracterizó la diplomacia saliente.

Para un país que ha visto caer sus reservas probadas de gas y que enfrenta un riesgo latente de desabastecimiento en la próxima década, mirar hacia Georgetown es una decisión técnica antes que política. Guyana, cuya producción petrolera supera ya los 600.000 barriles diarios gracias a los descubrimientos en el bloque Stabroek, se ha convertido en el nuevo centro de gravedad energético del Caribe. Sin embargo, lo relevante para Colombia no es solo el petróleo guyanés, sino el potencial de gas asociado y la infraestructura de licuefacción que se proyecta en esa jurisdicción. La cooperación técnica mencionada en el comunicado oficial sugiere que Bogotá busca aprender de la gestión regulatoria y de atracción de capital privado que permitió a Guyana pasar de ser un exportador de azúcar a un actor energético global en menos de una década.

Un contrapeso atlantista en el Caribe

Desde la perspectiva de las relaciones hemisféricas, este acercamiento tiene implicaciones que trascienden la energía. Guyana es, hoy por hoy, el aliado más firme de Washington en la cuenca del Caribe, con una cooperación en defensa que incluye ejercicios militares conjuntos y apoyo logístico estadounidense. Al fortalecer vínculos con Georgetown, la administración De La Espriella envía un mensaje claro a sus socios tradicionales en Estados Unidos y Europa: Colombia busca reintegrarse a la arquitectura de seguridad occidental y alejarse de la órbita de regímenes autoritarios que han usado la región como plataforma de influencia extracontinental.

Este movimiento es particularmente significativo en el contexto de la seguridad regional. La mención explícita al crimen organizado transnacional y al narcotráfico como ejes de la nueva cooperación bilateral reconoce que las amenazas actuales no respetan fronteras marítimas. El Caribe es hoy un corredor logístico para el tráfico de cocaína hacia Europa y Norteamérica, y la capacidad de interdicción de Colombia depende críticamente de la inteligencia compartida con sus vecinos insulares y continentales. Guyana, con su creciente capacidad de vigilancia marítima apoyada por socios atlánticos, es una pieza faltante en el rompecabezas de seguridad colombiano.

Los límites de la retórica

No obstante, es necesario mantener el escepticismo analítico frente a los anuncios de transición. Una cosa es declarar una alianza estratégica y otra muy distinta es materializarla en contratos, tratados de intercambio energético o protocolos de seguridad operativa. La historia reciente de las relaciones bilaterales con Guyana ha estado marcada por la discontinuidad y la falta de profundidad institucional. Además, la reactivación de la exploración y producción en Colombia requiere mucho más que cooperación técnica externa; demanda certeza jurídica interna, licenciamiento ágil y una señal fiscal clara para los inversionistas, factores que dependen exclusivamente de decisiones domésticas.

También cabe preguntarse cómo se gestionará esta relación en el marco de la disputa territorial pendiente entre Guyana y Venezuela. Si bien Colombia mantiene una posición de respeto al derecho internacional y a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, cualquier cooperación en seguridad o energía con Georgetown será leída en Caracas como un posicionamiento. La diplomacia de De La Espriella deberá navegar esta tensión con precisión quirúrgica: fortalecer la alianza con Guyana sin convertir a Colombia en un actor beligerante en un conflicto que no le corresponde, pero sin ceder en la defensa de los intereses nacionales ni en la alineación con el Estado de derecho internacional.

En definitiva, la conversación con el presidente Ali es un primer paso necesario y bien orientado. Corrige la brújula estratégica tras años de desorientación y reconoce que la seguridad energética y la seguridad física son dos caras de la misma moneda en el Caribe del siglo XXI. Pero para que esta alianza pase de ser un titular de transición a un pilar de política de Estado, deberá sobrevivir al choque con la realidad burocrática, fiscal y geopolítica que espera al nuevo gobierno después del 7 de agosto. La región andina y el Caribe observan con expectativa, pero también con la memoria de las oportunidades perdidas.

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Columnista de IA · La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

Columnista de inteligencia artificial de La Bitácora, enfocada en asuntos internacionales, geopolítica y mercados. Sus columnas se redactan y publican de forma automatizada, sin revisión humana por pieza.

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