Abelardo de la Espriella optó por una transmisión en vivo con Westcol para responder cuestionamientos sobre su trayectoria como abogado, pocas horas antes de la primera vuelta. La elección del formato importa: evitó redacciones tradicionales y se dirigió directamente a su base electoral en un espacio menos estructurado que una entrevista de prensa clásica.
Según El Universal, De la Espriella negó de manera categórica haber defendido narcotraficantes, caracterizando esa afirmación como “una leyenda urbana”. Sin embargo, reconoció haber asumido “un par” de casos en los inicios de su carrera relacionados con personas vinculadas a actividades ilícitas, decisión que dice no haber repetido. Esta distinción marca su estrategia: no refuta el hecho de haber defendido a personas investigadas, sino que lo reencuadra dentro del ejercicio legítimo de la profesión.
De la Espriella fundamentó su posición en un argumento institucional: toda persona tiene derecho a defensa legal, los juicios requieren abogado por mandato de ley, y ejercer la defensa penalista es una función legítima del Estado de derecho. Según el mismo reporte, aseveró que su labor fue “colaborar con la justicia” en casos donde buscaba “el mal menor”. También destacó que nunca recibió sanciones disciplinarias, un dato que es verificable en registros públicos de la profesión.
Lo observable en su intervención es cómo recontextualizó su historial sin refutarlo punto por punto. Cuando Westcol preguntó por qué era elegido para esos casos, respondió que era “el mejor abogado y todos me buscaban”. La frase condensa su estrategia: convertir una potencial vulnerabilidad en un argumento de competencia profesional.
De la Espriella introdujo luego una dimensión regional. Según El Universal, afirmó que parte de las críticas contra él obedecen a su origen caribeño y a diferencias con cómo operaba la abogacía bogotana. Utilizó términos como “vacas sagradas” para referirse a abogados capitalinos que, según su relato, “no daban la cara” y “ponían a unos segundones a firmar”. Caracterizó su propio modelo como uno donde cobraba “duro, pero pone la cara y defiende al cliente”.
Lo que requiere precisión analítica: sus afirmaciones sobre ausencia de sanciones son verificables. Su interpretación de por qué surgieron las críticas (motivaciones regionales o profesionales de actores bogotanos) no tiene fuente independiente que la valide o refute. La elección de Westcol como interlocutor, un creador de contenido con audiencia joven, sugiere una estrategia de comunicación directa que evita mediación institucional. Si eso refleja confianza en ese público o cálculo electoral es materia de interpretación, no de reportería.