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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Judicial · Análisis · 12 jun 2026

Decomisos de 600 kilos y la misma pregunta pendiente

Dos operativos en Cundinamarca y Meta en menos de 24 horas confirman que las capturas siguen llegando después de la droga, no antes.

Decomisos de 600 kilos y la misma pregunta pendiente — Judicial, ilustración editorial

En menos de 24 horas, las autoridades retiraron de circulación cerca de 600 kilogramos de clorhidrato de cocaína en dos procedimientos adelantados en Cundinamarca y Meta, con tres personas capturadas, según reportó Cambio con base en información de la Policía Nacional y el Ejército. La cifra, útil para el parte diario, deja sin resolver una pregunta de fondo: por qué corredores clasificados como estratégicos siguen funcionando como arterias principales para el movimiento de droga ya refinada.

El primer procedimiento, de acuerdo con la nota de Cambio, tuvo lugar en el peaje de Chinauta, sobre la vía que conecta a Bogotá con Girardot. Uniformados de la Policía de Tránsito y Transporte de Cundinamarca detuvieron un automotor de carga pesada que, según la misma fuente, cubría el trayecto Ibagué–Bogotá. En la inspección fueron hallados 370 kilogramos del alcaloide, empacados en bultos de diez kilos con distintivos propios del narcotráfico. Una persona fue capturada en el lugar.

El segundo procedimiento se ejecutó en el Meta, también con apoyo del Ejército, e involucró un vehículo de alta gama. El artículo de Cambio no precisa el sitio exacto ni el peso decomisado en esa operación, pero el reporte conjunto ubica el total cerca de los 600 kilogramos y eleva a tres el número de capturas.

Tres elementos merecen atención. El primero es la elección de un vehículo de carga pesada como modalidad de transporte. No se trata de un automotor informal ni de una caleta artesanal. Por sus dimensiones y por la naturaleza de los controles en peajes como el de Chinauta, ese tipo de unidades debería estar sometido a verificaciones más rigurosas. Que 370 kilos hayan cruzado ese punto sin ser detectados hasta el momento del procedimiento es un dato que la Policía Nacional y el Ejército deberán documentar en el informe oficial.

El segundo es la convergencia de dos operaciones en menos de un día, en departamentos distintos y con modalidades de transporte diferentes. La simultaneidad, sumada al uso de la vía Bogotá–Girardot y de un corredor en el Meta, ¿es compatible con la idea de movimientos aislados? ¿O apunta a organizaciones con logística diversificada, conductores disponibles y capacidad de planeación? La respuesta operativa corresponde a la Fiscalía y a los organismos de inteligencia.

El tercero es el contexto. La nota de Cambio recuerda que en mayo pasado cayó una red transnacional de narcotráfico que, según el mismo medio, estaría vinculada a carteles mexicanos, al ELN y al Clan del Golfo, con la captura de un exalcalde. Si las investigaciones que se desprendan de estos nuevos decomisos confirman conexiones con estructuras de ese tipo, la conclusión será que las capturas individuales son apenas la capa visible.

¿Qué está en juego? La fuerza pública cuenta con la capacidad técnica para ejecutar procedimientos de este tipo, como lo demuestra el resultado de las dos operaciones. Lo que queda pendiente es un esquema de inteligencia y control que opere antes del movimiento de los cargamentos, no solo después. Las cifras diarias, por alentadoras que resulten en los partes oficiales, no reemplazan una política de Estado que trate al narcotráfico como un problema de seguridad nacional, de control territorial y de articulación interinstitucional, no de titular de prensa.

Por ahora, las tres personas capturadas quedaron a disposición de la Fiscalía, que deberá avanzar en las investigaciones correspondientes. El país, mientras tanto, observa cómo dos golpes simultáneos conviven con la misma pregunta de fondo: si las rutas estratégicas siguen siendo tan permeables, el próximo decomiso —inevitable, según el comportamiento de los últimos años— no debería ser leído como victoria, sino como confirmación de una debilidad estructural que el Estado no ha logrado cerrar.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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