Un dron impactó contra el edificio de turbinas de la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa, que permanece bajo control militar ruso desde 2022. El ataque ocurrió en la madrugada del domingo. Rusia acusó de inmediato a Ucrania de ser responsable.
Moscú afirmó que el impacto dañó estructuras del complejo, pero sin afectar sistemas de seguridad críticos. Ucrania no confirmó ni negó su participación en el ataque, patrón común en operaciones de este tipo. Lo cierto es que Zaporiyia sigue siendo uno de los puntos más volátiles de la guerra: cualquier daño a reactores o sistemas de refrigeración podría desencadenar una crisis nuclear regional.
El Organismo Internacional de Energía Atómica ha advertido desde 2022 que la central opera bajo riesgo permanente por la presencia de fuerzas militares en el sitio. Cada incidente suma presión sobre negociadores internacionales para desmilitarizar la zona. Por ahora, no hay reportes de liberación radiactiva ni evacuaciones. La pregunta pendiente es si este ataque será el primero de una escalada más agresiva contra infraestructura energética, o una operación aislada.