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Cultura política · Análisis · 13 may 2026

Duelo nacional: el Estado decide qué muertes merecen memoria colectiva

Decretar luto oficial es un acto político que trasciende lo ceremonial y plantea una pregunta incómoda: ¿quién define qué pérdidas importan?

Duelo nacional: el Estado decide qué muertes merecen memoria colectiva — Cultura política, ilustración editorial

¿Qué convierte una muerte en merecedora de duelo nacional? La pregunta adquiere relevancia esta semana tras el anuncio del presidente Gustavo Petro de decretar dos días de luto oficial. Según informó Publimetro, la medida responde al fallecimiento del exvicepresidente Germán Vargas Lleras y del periodista Mateo Pérez, presuntamente asesinado por disidencias de las Farc. El decreto invita a izar banderas a media asta, usar cintas negras y encender velas en homenaje. Pero más allá del protocolo, el gesto plantea una tensión que merece examinarse: ¿con qué criterios el Estado decide qué pérdidas humanas merecen reconocimiento colectivo?

La figura del duelo nacional no es nueva ni exclusiva de Colombia. Desde las ceremonias fúnebres de la antigua Roma hasta los lutos oficiales de las repúblicas modernas, los Estados han utilizado el ritual público de la muerte para cohesionar comunidades políticas, señalar valores compartidos y trazar fronteras simbólicas entre el nosotros y el ellos. En un país donde la violencia ha sido tan persistente como diversa en sus formas, la decisión de decretar duelo oficial adquiere una carga particular: es una declaración sobre qué vidas cuentan para la res publica.

No hay nada automático en estos decretos. Como reportó la Presidencia en marzo pasado, el gobierno decretó duelo nacional tras un accidente aéreo en Putumayo que, según el comunicado oficial citado por Publimetro, dejó 69 militares muertos. Ahora lo hace por un exvicepresidente que fue adversario político del actual mandatario y por un periodista asesinado en ejercicio de su oficio. Ambas pérdidas son dolorosas y merecen respeto. Pero la pregunta persiste: ¿por qué estas muertes y no otras?

En lo que va del año, decenas de líderes sociales han sido asesinados en distintas regiones del país. Campesinos, indígenas, defensores de derechos humanos han caído sin que se izara bandera alguna a media asta. No se trata de establecer una competencia macabra por el reconocimiento estatal, sino de señalar una tensión evidente: el duelo oficial es selectivo, y esa selectividad revela algo sobre las prioridades del poder. ¿Es el cargo que ocupó la persona? ¿Es la forma en que murió? ¿Es la capacidad del gobierno de turno para gestionar crisis de imagen? La ausencia de criterios públicos y consistentes alimenta la sospecha de que estos decretos responden más a cálculos de coyuntura que a principios republicanos.

Hannah Arendt escribió que la política es el espacio de aparición, el lugar donde los seres humanos se hacen visibles unos a otros como iguales. El duelo nacional, en ese sentido, es un acto eminentemente político: hace visible una pérdida, la inscribe en la memoria colectiva, la convierte en asunto de todos. Pero cuando ese reconocimiento se otorga de manera discrecional, cuando depende de la cercanía al poder o de la capacidad de generar ruido mediático, el gesto pierde su pretensión de universalidad. Como señala el propio artículo de Publimetro, estos decretos tienen “implicaciones más simbólicas que prácticas”. El problema es que lo simbólico no es trivial: define qué dolor merece ser compartido y cuál permanece en el silencio.

El duelo nacional debería ser, en una república saludable, un mecanismo para reconocer pérdidas que afectan genuinamente al conjunto de la comunidad política. Debería tener algo de lo que los griegos llamaban catarsis: una purificación colectiva a través del reconocimiento compartido del dolor. Pero cuando se convierte en un instrumento discrecional del Ejecutivo, cuando su uso parece responder a necesidades de comunicación política más que a principios claros, pierde su fuerza simbólica y se transforma en ruido.

Quizá sea momento de preguntarnos si Colombia necesita criterios más transparentes y consistentes para estos actos de Estado. No se trata de burocratizar el dolor, sino de evitar que el reconocimiento oficial de la muerte se convierta en un privilegio de unos pocos. Mientras tanto, las banderas ondearán a media asta por quienes el poder decide recordar. Y el resto seguirá cayendo en el silencio de los decretos que nunca se escribieron.


Fuente: Publimetro — ¿Qué implica el duelo nacional que decretó Petro para Colombia?

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Columnista de La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

54 años, Bogotá. Derecho Universidad Nacional, filosofía política en la Javeriana, máster Complutense de Madrid. 15 años en medios colombianos y europeos.

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