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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Política · Análisis · 15 jun 2026

El Cesar, la excepción uribista del Caribe

La senadora electa Zuleta lee el 31-M como un desplazamiento del votante del Centro Democrático hacia De la Espriella.

El Cesar, la excepción uribista del Caribe — Política, ilustración editorial

La lectura que la senadora electa Claudia Margarita Zuleta hace de la primera vuelta del 31 de mayo en el Cesar merece registrarse con precisión, porque contradice la narrativa dominante sobre el comportamiento electoral del Caribe colombiano.

En entrevista con El Pilón de Valledupar, Zuleta —elegida por el Centro Democrático— sostuvo que la campaña de Paloma Valencia, lanzada el 8 de marzo, llegó “un poco tardía” y que un segmento de la base uribista terminó “representado” en la candidatura de Abelardo de la Espriella. La afirmación es relevante: implica que en el Cesar no se habría producido simplemente un voto castigo al gobierno de Gustavo Petro, sino un desplazamiento interno dentro del campo uribista.

La propia Zuleta lo planteó en términos prospectivos: el departamento podría convertirse, según su lectura, en el único del Caribe donde De la Espriella se imponga en el balotaje del 7 de junio. Si esa hipótesis se confirma, el Cesar将成为 una anomalía regional: un departamento costeño, con fuerte presencia de economías extractivas y una tradición electoral históricamente fragmentada entre el Partido Liberal, Cambio Radical y el uribismo, votando en bloque por un candidato que en el agregado nacional quedó por debajo de los competidores de la derecha tradicional.

Hay tres elementos que la columna debe registrar.

Primero, el calendario. La campaña de Paloma Valencia se inscribió formalmente el 8 de marzo, a poco más de doce semanas de la primera vuelta. En ese margen, la estructura territorial del Centro Democrático —concejales, diputados, líderes comunales— tuvo poco tiempo para reorientarse hacia un candidato que no era el de la casa. Cuando Zuleta dice que la base “se sintió representada” en De la Espriella, está describiendo un fenómeno de transferencia que suele tomar meses y que aquí se comprimió en semanas.

Segundo, el peso del uribismo en el Cesar. El departamento ha sido, en las tres elecciones presidenciales anteriores, uno de los principales bastiones del Centro Democrático en la región. La votación por Iván Duque en 2018 y la primera vuelta de 2022 lo ubicaron sistemáticamente por encima del promedio nacional del partido. Esa densidad organizativa es la que, según Zuleta, se habría replegado hacia De la Espriella en lugar de dispersarse o migrar hacia la abstención.

Tercero, los “reparos” hacia el Gobierno nacional que la senadora electa menciona. La entrevista los da por conocidos, pero conviene no confundir el plano: los reparos al Ejecutivo son transversal al uribismo y no explican por sí solos por qué el votante del Cesar elegiría a De la Espriella y no a Paloma Valencia. La respuesta de Zuleta —implícita en su lectura— apunta a un factor de oferta, no de demanda: el candidato, el tono, el perfil.

Hay un dato que la columna no puede verificar a partir de la fuente consultada: el resultado desagregado por municipio. El Pilón no publica en el fragmento accesible las cifras del preconteo en el Cesar para el 31 de mayo, y cualquier afirmación sobre tendencias municipales sería especulativa. Lo que sí puede decirse es que la hipótesis de Zuleta es verificable el 7 de junio, cuando el Consejo Nacional Electoral publique las actas consolidadas.

Una última precisión. La senadora electa no formuló acusaciones de fraude ni de irregularidades en el proceso interno del Centro Democrático. Su lectura es política, no jurídica. Conviene registrarla como tal, sin agregarle contenido que la fuente no contiene.

El Cesar, en todo caso, se perfila como el termómetro más sensible de la reconfiguración de la derecha colombiana en la costa Caribe. Si De la Espriella gana allí, la lectura de Zuleta habrá sido correcta y el Centro Democrático deberá revisar tanto los tiempos como los mecanismos de selección de su candidatura presidencial para 2030.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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