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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Política · Análisis · 8 jun 2026

El domingo peruano y la advertencia regional

El balotaje entre Sánchez y Fujimori no define solo al Perú: mide el peso del antifujimorismo y la capacidad de la izquierda para retener el poder.

El domingo peruano y la advertencia regional — Política, ilustración editorial

Con el 94,6% de las mesas contabilizadas, el candidato izquierdista Roberto Sánchez alcanza 50,0% de los votos y supera a la candidata derechista Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial peruana, según el reporte de La República. Más de 27,3 millones de peruanos estaban habilitados para votar.

El resultado, todavía preliminar, confirma dos tendencias que la región viene observando desde la primera vuelta. La primera es el agotamiento del fujimorismo como fuerza capaz de regresar al Ejecutivo por la vía electoral. Keiko Fujimori disputó su cuarta elección presidencial consecutiva y, por cuarta vez, la derecha peruana deberá evaluar si insiste en una candidatura que arrastra el peso institucional del gobierno de su padre y los procesos judiciales que pesan sobre su familia.

La segunda tendencia es la consolidación de una izquierda heterogénea, articulada alrededor de la crítica al modelo extractivo y a la captura del Estado por las élites económicas. Sánchez, vinculado al espectro que va desde el legado de Pedro Castillo hasta sectores del magisterio y del sur andino, representa una continuidad del ciclo que comenzó en 2021, aunque con un perfil menos confrontativo.

Para Colombia, el dato relevante no es quién gobierne Lima sino cómo se reacomodan tres frentes. El primero es comercial. Perú es el tercer socio comercial de Colombia en la región y miembro de la Alianza del Pacífico. Un giro en la política tributaria o minera peruana afecta flujos de inversión en sectores como el financiero y el retail transfronterizo, áreas donde los grupos empresariales colombianos tienen presencia consolidada.

El segundo es migratorio. La frontera sur colombiana, en Putumayo y Amazonas, comparte dinámicas con las regiones peruanas de Loreto y Ucayali. La presencia de comunidades indígenas en ambos lados y la economía informal transfronteriza hacen que cualquier cambio en la política de seguridad o de desarrollo agropecuario peruano tenga efectos directos en la capacidad de Colombia para manejar la presión sobre el río Putumayo.

El tercero es político. El antifujimorismo fue durante dos décadas un punto de encuentro improbable entre la centroizquierda liberal, sectores empresariales costeños y la izquierda organizada. Esa alianza demostró que en América Latina es posible derrotar proyectos populistas de derecha con argumentos institucionales, sin necesidad de复制 las prácticas autoritarias que se critican. La derrota de Keiko Fujimori, si se confirma, cierra un ciclo y obliga a la derecha peruana a refundarse.

En Colombia, la lectura debería ser inversa. La centro-derecha institucional ha sido subsidiaria de liderazgos personalizados y, en no pocas coyunturas, ha terminado cohonestando con proyectos que erosionan los contrapesos democráticos. La experiencia peruana indica que la defensa del Estado de derecho, la separación de poderes y la independencia judicial son banderas con electorado propio, siempre que se defiendan con consistencia y no por oportunismo electoral.

También hay una advertencia para la izquierda regional. Sánchez llega a una segunda vuelta con una derecha debilitada y fragmentada, no con un rival consolidado. Si su gobierno incurre en los mismos errores que llevaron a la caída de Castillo, incluida la confrontación innecesaria con el Congreso y la bancada militar, la reacción institucional será rápida. Perú cuenta con un Ministerio Público activo, una Defensoría con credibilidad y una prensa que, con sus limitaciones, ejerce fiscalización.

Colombia, conviene recordarlo, no ha podido exhibir ese mismo equilibrio de pesos y contrapesos en los últimos años. La insistencia del Ejecutivo en reformas por decreto, la tensión con la Corte Constitucional y los mensajes que deslegitiman a la Fiscalía configuran un patrón que el caso peruano,无论是 por su trayectoria institucional o por la fortaleza de su sistema de partidos, ha logrado evitar mejor.

La elección peruana de 2026 no resolverá los problemas estructurales de ese país, pero sí indica el agotamiento de un ciclo y la apertura de otro. Para los colombianos, la pregunta obligada es si la centro-derecha institucional está dispuesta a construir un proyecto de largo plazo o si volverá a subordinarse a la próxima figura carismática que aparezca en la plaza pública.

El dato del domingo peruano es, ante todo, un recordatorio: las democracias latinoamericanas premian la coherencia y castigan la captura del Estado, venga de donde venga.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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