De la Espriella obtuvo 297.613 votos en el Huila en la primera vuelta presidencial, según reportó La Nación. Iván Cepeda alcanzó 176.721 sufragios. Ganó en los 37 municipios. Las cifras son contundentes. Pero cuando se desglosan, revelan una dinámica electoral distinta a la que proponen quienes celebran una “hegemonía” de la derecha en la región.
Lo que ocurrió el 31 de mayo fue una convergencia táctica de la oposición alrededor de una sola candidatura. En 2022, cuando Gustavo Petro ganó en cuatro municipios huilenses —Neiva, Íquira, Altamira y Villavieja—, el voto de derecha estaba fraccionado entre Rodolfo Hernández, Federico Gutiérrez y otras opciones. Esa dispersión permitió que el progresismo ganara. Esta vez, la derecha se unificó. El Pacto Histórico no desapareció; la estructura de la competencia cambió.
Según La Nación, el consultor Juan Pablo Suárez atribuyó el resultado a tres factores: el desgaste del Gobierno Petro en la región, la campaña de De la Espriella centrada en seguridad, y la falta de movilización del progresismo local. Suárez señaló que los líderes del Pacto Histórico “se confiaron” en sus resultados legislativos de marzo. Esa es una lectura creíble. Las elecciones de Congreso son estructurales, partidistas. Las presidenciales son más volátiles, más sensibles al contexto nacional.
El contexto nacional en mayo de 2026 incluía preocupación ciudadana sobre seguridad y orden público. Según La Nación, el expresidente del Congreso Ernesto Macías interpretó el resultado como un “voto de castigo” contra el Gobierno. Esa caracterización es más precisa que hablar de “abelardismo” como proyecto político duradero. El voto de castigo es temporal, reversible, dependiente de contexto.
La electa representante a la Cámara por el Huila, Lourdes Mateus, rechazó la interpretación de “derrumbe”. Según La Nación, Mateus sostuvo que el progresismo “resistió” y que su votación presidencial creció respecto a 2022. Mateus argumentó que la pregunta correcta no es por qué el Pacto perdió municipios, sino por qué, enfrentando una unificación de la oposición, logró aumentar su votación y mantenerse competitivo. Esa lógica es sólida: si el Pacto aumentó su votación a pesar de la concentración de la derecha, eso sugiere que su base se mantuvo o se expandió.
El politólogo Piero Silva Arce, citado por La Nación, señaló que la percepción de caída del Pacto obedece, en gran medida, al crecimiento de la otra candidatura. Silva Arce subrayó que el progresismo se ha fortalecido en los últimos años en el Huila: el Pacto eligió representante a la Cámara para 2022-2026 y conservó la curul en las elecciones de 2026 con Lourdes Mateus. Según el mismo analista, en corporaciones como el Concejo de Neiva, el Pacto cuenta con dos curules.
Lo que el Huila no hizo fue elegir una “nueva hegemonía”. Eligió un contraste claro en la primera vuelta. Eso es polarización, no reconfiguración permanente. La diferencia es importante para entender qué viene.
La segunda vuelta será determinada por movimientos nacionales, no por dinámicas regionales. Si De la Espriella mantiene su mensaje de seguridad y orden sin ofrecer detalles sobre cómo financiar esas promesas, el voto puede fragmentarse. Si Cepeda logra reposicionarse como una alternativa viable de centro-izquierda, en lugar de defensor de una paz que los huilenses perciben como problemática, puede recuperar terreno.
Por ahora, los números dicen que el Huila votó contra Petro y Cepeda en la primera vuelta. No necesariamente votó por De la Espriella como proyecto de largo plazo. Esa distinción es la que falta en el análisis que celebra “arrasamientos” electorales sin verificar su solidez estructural.