Oswaldo Mackenzie tiene un problema: quiere a los dos. El exmediocampista que dejó huella en Junior de Barranquilla y Atlético Nacional durante los noventa habló sobre la final de este semestre y no pudo esconder sus lealtades divididas. “Soy muy hincha del Junior y de Nacional también”, dijo en entrevista con Win Sports. Pero tuvo que resolver: 60% Junior, 40% Nacional.
Es lo que pasa cuando el pasado te tira en dos direcciones. Mackenzie jugó en Barranquilla entre 1990-1991 y 1993-1995, años de gloria. En Medellín estuvo entre 1997 y 2000. Dos ciclos en cada cancha, dos historias que no se borran. Por eso su análisis de la serie no es solo táctico: es personal.
Lo interesante es que Mackenzie ve a ambos equipos en el mismo nivel. Dice que Junior y Nacional invirtieron fuerte este año —Junior incluso pensando en la Copa Libertadores— y que ambos tienen planteles con experiencia en definiciones. “Son niveles muy parejos. Los dos tienen grandes jugadores y mucha experiencia”, comenta. La paridad, según él, será la marca de la final: 90 minutos donde la jerarquía y la presión bajo fuego determinarán todo.
Fuera de la final, Mackenzie también reflexiona sobre el fútbol colombiano. Elogia a Juan Manuel Rengifo como futuro de la selección y cuestiona la decisión de no llevar a Alfredo Morelos al Mundial. “Si el técnico hubiera sido un poco más atrevido, lo llevaba”, sugiere. Pero aclara que respeta los procesos y confía en que Colombia pueda llegar lejos.
Lo notable aquí no es el resultado de su preferencia —Junior lleva ventaja en su corazón—, sino que un futbolista con raíces en ambas instituciones termine validando lo que los números ya dicen: que esta final es entre iguales. El 60-40 de Mackenzie, entonces, no es una verdad táctica. Es un suspiro de alguien que no quiere que pierda nadie.