La decisión del gobierno de Abelardo de la Espriella de reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán marca un punto de inflexión en la política exterior colombiana. Más allá de la controversia jurídica inmediata, este movimiento señala una reorientación estratégica hacia el eje atlántico y una ruptura definitiva con la diplomacia de gestos ideológicos del mandato anterior. Para un país que depende de la cooperación en seguridad y del acceso a mercados occidentales, la alineación con Washington tiene una lógica de Estado, aunque su ejecución en medio de una tragedia nacional y sin consenso regional plantea interrogantes sobre su costo de oportunidad.
Una apuesta por la seguridad hemisférica
Desde una perspectiva de realismo político, el reconocimiento colombiano no es un acto aislado, sino la consolidación de una tendencia iniciada en 2019 por Estados Unidos. Al sumarse a la posición estadounidense, Bogotá envía una señal clara a sus socios estratégicos en materia de defensa e inteligencia. En un momento donde la arquitectura de seguridad hemisférica enfrenta presiones por la influencia de actores extracontinentales, la cohesión con Washington y Tel Aviv fortalece la posición de Colombia como socio confiable en la lucha contra amenazas transnacionales.
Sin embargo, esta alineación conlleva riesgos calculados. La condena unánime de la Liga Árabe, Siria y Turquía, así como el rechazo de la ONU basado en la resolución 497 del Consejo de Seguridad, anticipan un enfriamiento de relaciones comerciales y políticas con el Medio Oriente. Si bien el comercio directo con Siria es marginal, los vínculos con economías del Golfo como Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos son relevantes para la diversificación de exportaciones no tradicionales y la atracción de inversión soberana. La Cancillería deberá evaluar si los beneficios tangibles en cooperación militar y tecnológica con Israel y EE. UU. compensan la pérdida de capital político en foros multilaterales donde tradicionalmente contábamos con apoyo árabe.
El déficit de coordinación regional
Lo más preocupante desde la óptica andina es la ausencia de coordinación con pares regionales. Brasil, bajo una administración pragmática, ha mantenido una postura equilibrada que prioriza sus intereses comerciales sin sacrificar principios de derecho internacional. Chile y Perú, socios clave en la Alianza del Pacífico, no han seguido la misma línea. Esta falta de sincronización debilita la voz latinoamericana y expone a Colombia a un aislamiento relativo dentro de su propio vecindario.
La diplomacia institucionalista exige que los cambios de rumbo, por necesarios que sean, se construyan sobre bases técnicas y no solo sobre urgencias políticas. El hecho de que el anuncio se realizara horas después de un terremoto devastador en el occidente del país sugiere una desconexión entre la agenda internacional y la realidad doméstica. Un Estado fuerte proyecta estabilidad; las decisiones de alto impacto geopolítico requieren un timing que refleje solidez institucional y no improvisación. La legitimidad interna es el primer activo de cualquier proyección externa.
Entre el derecho y la geoeconomía
Como analista pro-mercado y atlantista, entiendo la necesidad de corregir los excesos retóricos del pasado reciente. Las relaciones internacionales deben basarse en intereses nacionales permanentes, no en afinidades electorales pasajeras. No obstante, el respeto por el Estado de derecho y las normas internacionales también es un interés nacional. Reconocer anexiones territoriales contrarias a resoluciones vinculantes de la ONU, incluso cuando lo hace nuestro principal aliado, erosiona el principio de legalidad que defendemos en otros escenarios, como la crisis en Ucrania o las disputas marítimas en el Indo-Pacífico.
El desafío para la nueva administración es convertir este gesto simbólico en resultados concretos para los colombianos. ¿Traerá este reconocimiento transferencia tecnológica en riego y ciberseguridad? ¿Se traducirá en mejores condiciones para nuestros exportadores en mercados estadounidenses? ¿Fortalecerá la capacidad operativa de nuestra fuerza pública? Si la respuesta es afirmativa y medible, el costo diplomático será una inversión justificada. Si permanece en el terreno de la declaración política sin retorno tangible, habremos cambiado aliados comerciales potenciales por una fotografía diplomática.
La Bitácora ha defendido siempre la importancia de una relación robusta con Occidente. Pero esa relación se fortalece con profesionalismo y estrategia, no con giros abruptos que descuiden la coherencia jurídica y la sensibilidad contextual. Colombia necesita ser predecible para ser respetada. El reconocimiento del Golán es un hecho consumado; ahora corresponde al Ejecutivo demostrar que fue un cálculo de Estado y no simplemente un cambio de bando.