El Decreto firmado el 26 de junio por el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República aceptó la renuncia de Sandra Viviana Cadena a la Superintendencia del Subsidio Familiar y designó como encargado al propio ministro del Trabajo, Antonio Sanguino. La decisión, conocida el 29 de junio, deja a un solo funcionario acumulando dos sillas: la de la cartera que formula la política laboral y la del organismo que vigila y sanciona a las Cajas de Compensación Familiar.
La Superintendencia del Subsidio Familiar no es una entidad decorativa. Ejerce inspección, vigilancia y control sobre las Cajas, administra los recursos del Sistema de Subsidio Familiar y tiene competencia sancionatoria. Según la propia información oficial recogida por Infobae Colombia, la salida de Cadena se produce tras 18 meses de gestión, durante los cuales la exfuncionaria reportó procesos de descentralización de la atención y fortalecimiento de la protección al usuario.
El relevo, sin embargo, abre un problema de diseño institucional que va más allá del nombre del Superintendente encargado. La Federación del Sistema de Seguridad Social lo planteó en términos directos: “El señor Ministro de Trabajo no puede ser juez y parte”. La objeción es de manual de derecho administrativo. Quien diseña y ejecuta la política laboral no debería ser, al mismo tiempo, quien controla a los operadores del sistema que esa política financia. La separación entre el regulador y el regulado es una de las garantías mínimas de cualquier esquema de supervisión.
La figura del encargo no es nueva en la administración colombiana, pero su uso reiterado en superintendencias, agencias y entidades de control ha sido una de las señales de alerta que han señalado la Contraloría y la Procuraduría en sus últimos informes de seguimiento a la función pública. Un superintendente encargado por meses, sin posesión ante el Senado en los casos que la Constitución lo exige, queda en una posición de interinidad que reduce su independencia frente al Ejecutivo. Cuando ese encargado es, además, el propio ministro del ramo, la interinidad se convierte en dependencia directa.
El Ministerio del Trabajo, según reportó Infobae, anunció la designación temporal sin detallar el plazo de la encargaduría ni el mecanismo previsto para escoger al titular definitivo. Tampoco se conoció, al cierre de la información disponible, si el Gobierno Nacional remitirá una terna al Senado para la elección del Superintendente en propiedad, trámite que corresponde conforme a la Constitución para los superintendentes.
El costo de esta indefinición no es abstracto. Las Cajas de Compensación manejan recursos parafiscales de los trabajadores y administran programas de salud, recreación, vivienda y crédito. Una superintendencia sin titular en propiedad y dirigida por quien simultáneamente preside el sector que la misma entidad vigila queda expuesta a conflictos de interés en cualquier decisión sancionatoria, en cualquier investigación por mal manejo de recursos y en cualquier controversia sobre el giro de aportes.
La salida de Cadena y la llegada de Sanguino como encargado deberían estar acompañadas, como mínimo, de tres decisiones: la publicación inmediata del decreto con el plazo de la encargaduría, el cronograma para la selección del Superintendente en propiedad y una declaratoria formal de separación funcional entre el Ministerio y la Superintendencia mientras dure la interinidad. Sin esos tres actos, la independencia del organismo queda formalmente en duda y la queja de la Federación del Sistema de Seguridad Social deja de ser una observación gremial para convertirse en una alerta institucional.
Por lo demás, la renuncia de Cadena cierra un ciclo de 18 meses en el que, según la exfuncionaria, se avanzó en descentralización y atención al usuario. Corresponderá a la próxima administración de la Superintendencia —o al Congreso, en el marco del control político— evaluar con cifras de Secop II, de los actos administrativos sancionatorios y de los indicadores de cobertura si esos 18 meses se tradujeron en resultados verificables o solo en narrativa de gestión.