Colombia preside esta semana el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el órgano con mayor peso decisorio en la arquitectura multilateral. Y lo hace con un pasivo diplomático de último momento difícil de cuantificar, pero inocultable: una publicación del presidente Gustavo Petro en la red social X con la expresión «Heil Hitler», emitida en respuesta a una columna del periodista Felipe Zuleta sobre el candidato presidencial Abelardo de la Espriella. El episodio motivó un pronunciamiento firmado por veinticuatro legisladores de doce países latinoamericanos, una condena del congresista estadounidense Carlos A. Giménez y un pedido formal de retractación del embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon. La Presidencia colombiana no había informado, al cierre de la nota de prensa, si el mandatario respondería a los requerimientos.
Según reportó El Colombiano, los firmantes hacen parte de la Coalición de Legisladores Latinoamericanos contra el Antisemitismo, vinculada al Combat Antisemitism Movement (CAM). Entre los suscriptores aparecen las colombianas Lorena Ríos, senadora de Colombia Justa Libres, y Sara Castellanos, senadora electa de Salvación Nacional. La declaración, reproducida por ese medio, sostiene que invocar el nazismo como recurso de debate «contribuye a trivializar los crímenes del régimen nazi y distorsiona la memoria histórica del Holocausto», y que dicha práctica compromete «el peso que las palabras deben tener en democracia». Shay Salamon, director ejecutivo de CAM para Latinoamérica, dijo a El Colombiano que «los jefes de Estado tienen una responsabilidad especial: sus palabras no solo expresan posiciones políticas, también moldean climas sociales y pueden legitimar el odio».
El episodio se inscribe en un contexto que el propio gobierno ha contribuido a configurar. De acuerdo con la misma fuente, las relaciones entre Colombia e Israel están suspendidas desde 2024, cuando el Ejecutivo colombiano rompió vínculos en protesta por la mortalidad civil en Gaza. La Cancillería israelí calificó la publicación como una «pérdida total del compás moral» y Danon pidió una retractación antes de la sesión que Colombia preside. La composición transversal del pronunciamiento —firmantes de Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Uruguay, más voces del Congreso estadounidense— dificulta una lectura partidista del documento.
Dos preguntas surgen de lo documentado. La primera es de coherencia: ¿cómo se compatibiliza la invocación del Holocausto como respuesta a un columnista con la defensa multilateral de los derechos humanos que el gobierno colombiano ha esgrimido ante el conflicto en Gaza? La doctrina exterior de un país se mide, en buena parte, por la consistencia entre sus palabras en escenarios formales y el uso que su jefe de Estado hace del lenguaje en otros foros. La segunda es de oportunidad: un presidente dispone de la declaratoria oficial, de la cadena nacional y de la interlocución directa con medios. ¿Qué cálculo llevó a escoger un mensaje de tres palabras con la simbología del Tercer Reich para responder a una columna de opinión?
A lo anterior se suma un dato doméstico que la nota recoge. Horas antes, una publicación de Petro sobre una fotografía del futbolista Yerry Mina con el expresidente Álvaro Uribe habría derivado en cientos de comentarios racistas en el perfil de Instagram del deportista, según reportó El Colombiano. El patrón —publicaciones en redes con efectos colaterales documentados y la Casa de Nariño sin pronunciamiento posterior— se repite, y conviene que sea la propia Presidencia la que aclare si lo considera aceptable.
La memoria del Holocausto no es una categoría retórica disponible para dirimir peleas electorales. Cuando un jefe de Estado la invoca como respuesta a un columnista, no relativiza al columnista: relativiza una tragedia que el derecho internacional contemporáneo usa como referencia moral. La pregunta que queda abierta es si la Presidencia considera que ese costo ya fue asumido o si, antes de que concluya la presidencia del Consejo de Seguridad, habrá una respuesta oficial que permita distinguir entre la posición del gobierno colombiano y la de una cuenta personal en X.
Lectura adicional: Embajador de Israel ante la ONU exige disculpas de Petro por saludo nazi — El Colombiano.