La migración colombiana hacia Estados Unidos no es solo un fenómeno de desempleo o inseguridad. Desde hace una década, representa también un movimiento de capital emprendedor que el país de origen apenas monitorea. La reciente información sobre herramientas fiscales como el ITIN (Individual Taxpayer Identification Number) y estructuras legales como la LLC (Limited Liability Company) abre una ventana sobre cómo decenas de miles de colombianos formalizan negocios en territorio estadounidense sin necesidad de visa de residencia permanente.
El dato es relevante para la política comercial regional. No porque Estados Unidos esté “reclutando” emprendedores —no lo hace deliberadamente—, sino porque Colombia y la región andina pierden talento productivo que, paradójicamente, sigue generando ingresos que retornan como remesas pero no como reinversión estructurada en el país de origen.
Quién accede y con cuánto capital
Según reportes del sector financiero, constituir una LLC en Estados Unidos requiere inversiones que oscilan desde los 50.000 dólares, cifra accesible para profesionales de clase media colombiana con ahorros o acceso a crédito informal. El ITIN —un número de identificación fiscal que no requiere estatus migratorio— permite a estos emprendedores abrir cuentas bancarias, solicitar líneas de crédito limitadas y cumplir obligaciones tributarias sin ser residentes documentados.
Esto no es ilegalidad. Es, precisamente, la formalización que muchos gobiernos latinoamericanos predican pero no facilitan. Estados Unidos, con su pragmatismo fiscal, captura ese flujo. Colombia, con su burocracia, lo deja ir.
El perfil típico: profesional entre 30 y 50 años, con experiencia en comercio, servicios o tecnología, que migró hace 5-10 años y acumuló capital suficiente. No es el migrante en situación de vulnerabilidad que domina el relato mediático. Es el que ya no retorna porque encontró estabilidad y oportunidades que su país no le ofreció con la misma velocidad.
Las remesas como síntoma, no solución
Colombia recibió 9.200 millones de dólares en remesas durante 2024, según el Banco de la República. Esa cifra es la segunda fuente de divisas después del petróleo. Pero es también un indicador de fracaso: dinero que sale como salarios y retorna como subsidio familiar, no como inversión productiva que genere empleo local.
Si una fracción significativa de esos flujos proviniera de emprendedores colombianos que reinvirtieran en Colombia —no solo en consumo familiar—, el impacto sería otro. Pero la arquitectura fiscal y regulatoria colombiana no lo incentiva. Abrir una empresa en Colombia requiere más tiempo, más trámites y más incertidumbre institucional que hacerlo en Miami o Nueva York.
La competencia silenciosa por talento
Este fenómeno ocurre en toda la región andina. Perú, Ecuador y Venezuela pierden profesionales hacia Estados Unidos con el mismo patrón. Pero Colombia, al ser el país con mayor acceso histórico a visa de trabajo y mayor comunidad establecida en EE.UU., es quien más capital emprendedor exporta sin capturarlo.
La pregunta que debería ocupar a Bogotá no es “¿cómo evitamos que emigren?” —pregunta ingenua—, sino “¿cómo capturamos el valor que generan en el exterior?” Algunos países lo hacen mediante bonos de inversión para migrantes, incentivos tributarios para reinversión de ganancias, o simplemente facilitando que empresas colombianas accedan a capital de riesgo desde la diáspora.
Implicaciones para la política comercial
Si el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (vigente desde 2012) fue diseñado para que empresas estadounidenses invirtieran en Colombia, ¿por qué no existe un mecanismo paralelo para que empresas de colombianos en EE.UU. inviertan en Colombia con los mismos incentivos?
La respuesta es que no existe porque nadie lo priorizó. Las negociaciones comerciales se enfocaron en aranceles y acceso a mercados, no en flujos de capital migrante. Fue un error de diseño institucional.
El ITIN y la LLC no son problemas. Son herramientas que funcionan. El problema es que Colombia no tiene equivalentes que atraigan ese capital de retorno con la misma eficiencia. Mientras tanto, Miami consolida su posición como capital financiero de la región, no solo porque tiene mercados, sino porque tiene reglas claras que los migrantes entienden.
Lo que viene
La tendencia seguirá. La migración calificada hacia Estados Unidos no se detiene con discursos sobre “amor a la patria”. Se detiene con instituciones que compitan. Mientras Colombia siga siendo más fácil para invertir en bienes raíces que en empresas productivas, seguirá perdiendo ese talento emprendedor que, irónicamente, genera más valor en el exterior que en casa.
La próxima ronda de negociaciones comerciales con Washington debería incluir un capítulo sobre movilidad de capital migrante. No es caridad. Es competencia por recursos que ya están en movimiento.