El ciclismo dejó de ser un deporte de nicho en Colombia. Hoy es tendencia en redes, tiene comunidades organizadas en cada ciudad y genera un mercado de equipos que crece cada año. Pero arrancar tiene un costo que no todos consideran.
Según datos del sector, un ciclista principiante necesita invertir un mínimo de $2 millones para equiparse de forma básica. Eso incluye la bicicleta misma y el equipo de protección personal que reduce riesgos en la vía. No es un lujo: es la entrada mínima al deporte sin comprometer seguridad.
La cifra refleja un fenómeno más amplio. El consumo en deportes alternativos crece en Colombia, especialmente entre millennials y Gen Z urbanos. El ciclismo se beneficia de esta onda: infraestructura mejorada en ciudades, comunidades en redes sociales, influencers que documentan sus rutas. Pero también genera una brecha. Quienes no pueden invertir $2 millones quedan afuera del ecosistema.
Esto importa porque muestra cómo un deporte que parecía democrático (solo necesitabas una bicicleta) se está segmentando por capacidad de gasto. Los implementos básicos de calidad tienen precio. Las bicicletas de entrada rondan $800 mil a $1.2 millones. El casco, luces, candado y ropa técnica suman lo restante. Nada es prescindible si querés rodar sin riesgo.
El fenómeno también toca política urbana: ciudades que invierten en ciclovías atraen a este público con poder de compra, pero dejan fuera a ciclistas de transporte que no tienen presupuesto para “equiparse”. Es una tendencia que vale monitorear.