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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Internacional · Análisis · 7 jun 2026

Filipinas tiembla y Colombia ignora su riesgo en el Pacífico

Un sismo de 7.8 en el Indo-Pacífico recuerda que la resiliencia institucional y las cadenas de suministro globales no admiten improvisaciones ideológicas.

Filipinas tiembla y Colombia ignora su riesgo en el Pacífico — Internacional, ilustración editorial

El reciente sismo de magnitud 7.8 que sacudió el sur de Filipinas, con una profundidad de 35 kilómetros y la subsecuente alerta de tsunami emitida por el Sistema de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos, es mucho más que una tragedia natural en el otro lado del globo. Para un analista de riesgo político y macroeconomía, este evento es una prueba de estrés en tiempo real sobre dos variables críticas: la resiliencia de las cadenas de suministro globales y la solidez de la arquitectura institucional frente a desastres. Desde Bucaramanga, observando las placas tectónicas de nuestra propia región andina y el litoral pacífico colombiano, el contraste entre la tecnocracia global y nuestra improvisación local resulta alarmante.

La tecnocracia frente al populismo

Cuando el suelo se mueve en el Anillo de Fuego del Pacífico, la diferencia entre la vida y la muerte, o entre la estabilidad macroeconómica y el colapso logístico, la marcan las instituciones técnicas, no los discursos políticos. La activación inmediata de los protocolos estadounidenses y filipinos demuestra el valor de la cooperación internacional basada en ciencia y datos. En Colombia, la gestión del riesgo enfrenta cuestionamientos serios. Según investigaciones de la Contraloría General y reportes de medios como El Tiempo y Semana, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) ha aparecido en los últimos años más en titulares sobre procesos disciplinarios y fiscales que en informes de eficiencia preventiva.

Mientras en el Pacífico asiático los sistemas de alerta temprana operan con precisión milimétrica, en nuestro país la instrumentalización política de las entidades técnicas nos deja vulnerables. ¿Qué pasaría si un terremoto de similar magnitud golpeara la falla de Romeral o la zona de subducción del Pacífico colombiano? Encontraría a un Estado con la guardia baja y las arcas comprometidas por el clientelismo.

El Indo-Pacífico y la inflación importada

Más allá de la gestión de emergencias, este sismo nos obliga a mirar hacia el Indo-Pacífico, una región que el gobierno actual parece ignorar en favor de alineamientos ideológicos con ejes autoritarios. Filipinas no es solo un archipiélago sísmico; es un nodo fundamental en la cadena de valor global de semiconductores y un hub crucial de servicios empresariales. Una parálisis prolongada en sus puertos o zonas francas industriales genera cuellos de botella que, en cuestión de semanas, se traducen en presiones inflacionarias globales.

Para Colombia, esto significa que un desastre natural a 17.000 kilómetros de distancia puede encarecer los insumos tecnológicos que importamos, presionar al alza la inflación local y forzar al Banco de la República a mantener tasas de interés restrictivas por más tiempo. La economía abierta no perdona el aislamiento geopolítico. Nuestra élite política sigue mirando al Caribe y a la región andina con una visión del siglo XX, mientras el centro de gravedad del comercio mundial se consolida en el eje que va desde Tokio hasta Sídney. El libre comercio y la integración con las democracias de mercado del Asia-Pacífico deberían ser una prioridad de Estado.

Geopolítica y seguridad marítima

La respuesta coordinada con Washington resalta la importancia de la arquitectura de seguridad global. En un momento donde regímenes expansionistas buscan alterar el statu quo marítimo en el Mar de China Meridional, la presencia técnica y estratégica de Estados Unidos en el Pacífico garantiza la libertad de navegación. La política exterior colombiana actual ha mostrado una incomprensible tibieza hacia esta alianza atlantista, prefiriendo la ambigüedad frente a potencias que no respetan el Estado de derecho en sus propios territorios.

La naturaleza no negocia con populismos ni respeta retóricas soberanistas. La alerta de tsunami en Filipinas es un recordatorio de que la prevención requiere inversión sostenida, independencia técnica y cooperación con aliados estratégicos. Colombia necesita recuperar la seriedad de sus entidades de riesgo y entender que nuestra costa pacífica debe ser la puerta de entrada al mercado más dinámico del planeta, no un corredor de economías ilícitas. Si no aprendemos a respetar la técnica y a integrarnos al mundo real, la próxima vez que la tierra tiemble, no habrá alerta temprana que nos salve del colapso institucional.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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