Después de más de 40 días sin contacto, las autoridades localizaron al ciudadano francés Leo Hamel Thierry Florina en Bogotá. El joven de 32 años había sido reportado como desaparecido desde el 16 de abril, cuando dejó de comunicarse con su madre mientras viajaba por Colombia.
La última ubicación confirmada era el corregimiento El Aro, en Ituango, Antioquia. Según el reporte inicial de la Gobernación departamental, Hamel se había adentrado en una zona de difícil acceso con presencia de grupos armados. La alerta se activó cuando su madre, Florence Brichet Paumier, no logró contactarlo por WhatsApp, donde acostumbraban comunicarse semanalmente.
Brichet explicó a El Tiempo que su hijo fue hallado tras el trabajo coordinado entre agentes de la Policía francesa en Colombia y autoridades nacionales. Según la madre, la incomunicación obedeció a un problema técnico: Hamel perdió todos los contactos guardados en su dispositivo y no tenía los números de su familia. También desmintió que el joven continuara con actividades comerciales de venta de pollos en la región, como sugería el cartel de desaparición. Aclaró que eso fue solo un trabajo temporal.
Las autoridades descartaron que haya sido secuestrado por grupos armados. La Fiscalía General de la Nación asumió la dirección de la investigación cuando la familia acudió a autoridades judiciales y diplomáticas hace semanas. Ahora se adelantan los trámites para que Hamel regrese a Francia.
Lo que importa aquí es que la movilización institucional funcionó. Antioquia activó búsqueda urgente, coordinó con diplomáticos, la Fiscalía tomó cartas en el asunto. Pero también marca una lección sobre cómo una noticia de desaparición en zona roja genera tensión legítima. El caso cerró bien. No siempre ocurre así.