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Internacional · Análisis · 18 may 2026

Israel bloquea ayuda a Gaza mientras Turquía reclama en la ONU

La intercepción de una flotilla humanitaria reabre la grieta entre Tel Aviv y Ankara, con implicaciones para la estabilidad regional y la posición de Colombia en organismos multilaterales.

Israel bloquea ayuda a Gaza mientras Turquía reclama en la ONU — Internacional, ilustración editorial

La confirmación de Israel sobre la intercepción de una flotilla dirigida a Gaza, y la inmediata condena de Turquía calificándola como “piratería”, marca un nuevo punto de tensión en un conflicto que ha fragmentado las alianzas regionales y reposicionado a actores globales en torno a narrativas irreconciliables sobre soberanía, derechos humanitarios y seguridad.

Para entender qué significa esto para Colombia y la región andina, es necesario desplegar el mapa de fuerzas que está en juego.

El bloqueo como instrumento de presión

Israel ha mantenido históricamente un control estricto sobre los flujos de bienes hacia Gaza, justificándolo en términos de seguridad nacional. Sin embargo, la intercepción de una flotilla específicamente dirigida a llevar asistencia humanitaria escala la disputa más allá de la retórica de seguridad. Cuando un Estado detiene suministros médicos, alimentos o combustible bajo el argumento de prevención de contrabando de armas, entra en un territorio gris donde la proporcionalidad del acto y su legitimidad internacional quedan sujetas a interpretación.

Turquía, por su parte, ha posicionado históricamente a Gaza como un asunto de política exterior central. Ankara ve en la causa palestina un componente de su liderazgo regional y una herramienta para diferenciarse de los Estados del Golfo que han normalizado relaciones con Israel. Calificar la intercepción como “piratería” no es un accidente retórico: es una apelación directa al derecho internacional marítimo y a la soberanía de las aguas internacionales.

Implicaciones para el orden multilateral

Aquí es donde Colombia debe prestar atención. Los conflictos en Medio Oriente no son asuntos remotos cuando se trata de la arquitectura de poder global. La fragmentación entre potencias regionales (Israel, Turquía, Irán, Arabia Saudita) refleja una realidad más amplia: el debilitamiento de instituciones multilaterales como la ONU para arbitrar disputas.

Cuando Turquía “condena” a Israel en foros internacionales, está apelando a un sistema de normas que Colombia también depende para resolver sus propios conflictos fronterizos, disputas comerciales y cuestiones de soberanía. Si los mecanismos de la ONU pierden credibilidad porque potencias medias como Turquía ven que sus denuncias no generan consecuencias, el costo se distribuye globalmente.

Colombia, como miembro del Consejo de Seguridad en rotación y con una tradición de participación en organismos multilaterales, enfrenta presiones contradictorias: mantener una postura de principios sobre derecho internacional humanitario sin alienarse de aliados estratégicos en Washington, que mantiene una posición de apoyo implícito a Israel.

La ecuación regional andina

En la región andina, estos eventos generan reverberaciones indirectas pero significativas. Perú, Bolivia y Ecuador tienen poblaciones con vínculos históricos y religiosos con Medio Oriente. Las narrativas sobre conflictos en Gaza circulan en redes sociales y generan presiones domésticas sobre gobiernos para que tomen posiciones públicas.

Más importante aún: la fragmentación del orden internacional debilita la capacidad de países medianos para hacer cumplir normas sobre derechos humanitarios, acceso a recursos y resolución de disputas. Si Israel puede interceptar flotillas sin consecuencias institucionales claras, ¿qué precedente establece para otros actores? ¿Qué mensaje envía a gobiernos que buscan justificar bloqueos económicos, restricciones de movilidad o control de recursos bajo argumentos de “seguridad nacional”?

Hacia dónde apunta

La realidad es incómoda: no existe una posición “neutral” en estos asuntos. Defender el derecho internacional humanitario implica reconocer que el acceso a ayuda es un derecho, no un privilegio. Pero también implica reconocer que los Estados tienen derechos de defensa legítimos.

Lo que sí es claro es que cuando las instituciones multilaterales no logran mediar entre actores regionales, el vacío se llena con unilateralismo, represalias y erosión de normas. Para Colombia, eso significa que la próxima vez que enfrente una disputa con un vecino o un socio comercial, el terreno normativo estará menos firme.

La intercepción de la flotilla no es un evento aislado. Es un síntoma de un sistema internacional en reconfiguración donde los principios compiten con los intereses, y donde los países medianos como el nuestro necesitan navegar con claridad sobre qué normas están dispuestos a defender—y a qué costo.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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