Katherine Miranda presentó el martes su renuncia irrevocable a la Alianza Verde, la colectividad en la que militó desde 2010 y con la que llegó a la Cámara de Representantes en 2018 y 2022, período durante el cual fue la candidata más votada de ese partido en Bogotá. La decisión, comunicada mediante carta a las directivas, fue descrita por la propia excongresista como una determinación “libre, voluntaria y expresa”, según reportó Vanguardia.
La salida llega en un momento de debilidad política objetiva para Miranda. En las elecciones legislativas de 2026 aspiró al Senado y obtuvo 29.246 votos, equivalentes al 0,15 % de la votación nacional, una cifra que no le alcanzó para obtener curul. Quien fuera una de las caras más visibles de la Alianza Verde en el Capitolio termina su ciclo sin bancada propia.
La ruptura con el partido no fue repentina. Miranda respaldó las candidaturas presidenciales de Gustavo Petro en 2018 y 2022, pero con el paso de los meses marcó distancia del Gobierno nacional, en particular frente a las reformas a la salud, laboral y pensional. Ese distanciamiento coincidió con las divisiones internas que ya se evidenciaban en la Alianza Verde, donde un sector promovía acercamientos con otras fuerzas de izquierda. Miranda tomó el camino contrario: apoyó a Paloma Valencia en primera vuelta y, posteriormente, a Abelardo de la Espriella en segunda vuelta, según registró la prensa nacional.
La lectura política es directa. La Alianza Verde pierde a una de sus figuras con mayor exposición mediática en Bogotá, alguien que había construido su perfil legislativo sobre la transparencia y la lucha contra la corrupción. Miranda, a su vez, queda en un limbo institucional: sin partido, sin curul y sin haber informado públicamente cuál será su siguiente movimiento electoral.
El episodio ilustra, además, un fenómeno más amplio que esta columna ha venido documentando: la fragmentación de los partidos que en algún momento orbitaron alrededor del centro político. La Alianza Verde, que en 2010 se asoció a la “ola verde” de Antanas Mockus, ha sido una de las colectividades más golpeadas por la polarización del ciclo 2022-2026. Las decisiones sobre apoyos presidenciales de primera y segunda vuelta terminaron por dirimir lo que los debates internos no resolvieron.
Quedan varias preguntas abiertas. Miranda no ha informado si buscará integrar otra colectividad ni si evalúa una candidatura por firmas. Su perfil, asociado a temas de transparencia y control político, tendría encaje en movimientos de centro-derecha o en bancadas independientes. Pero la matemática electoral es exigente: sin estructura partidista y sin la votación que obtuvo como cabeza de lista en 2022, su próximo intento requerirá acuerdos que aún no se han hecho públicos.
La renuncia, en todo caso, no es un hecho aislado. Es la culminación de un divorcio anunciado entre una congresista que eligió el costado crítico del petrismo y un partido que, en buena parte de su dirigencia, optó por sostenerlo. La diferencia ya no era de matices: era de bloque.
La Bitácora seguirá el desarrollo de los movimientos posteriores de Miranda y, en particular, los efectos de esta renuncia en la reconfiguración de las bancadas de cara al próximo ciclo electoral.