Tras el fuerte movimiento telúrico que sacudió al occidente colombiano, la angustia de miles de familias se ha canalizado hacia una herramienta digital específica. Según reportó El País de Cali, la plataforma Colombia Te Busca fue habilitada para registrar y consultar información sobre personas desaparecidas, permitiendo cruzar datos entre ciudadanos y autoridades. Si bien su activación demuestra una capacidad de respuesta técnica loable en la fase aguda, también funciona como un espejo incómodo de nuestras carencias estructurales. En un país con décadas de experiencia en desastres y violencia, ¿por qué seguimos dependiendo de soluciones ad hoc en lugar de contar con sistemas de identificación y localización permanentes?
Desde una perspectiva comparada regional, esta dependencia de herramientas tecnológicas reactivas es un patrón recurrente en la región andina. Tanto en Ecuador tras el terremoto de 2016 como en Perú durante los huaicos recientes, la sociedad civil y los organismos internacionales han terminado supliendo vacíos estatales mediante bases de datos paralelas. Según los estándares de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), la resiliencia institucional se mide por la continuidad de los sistemas de información, no por la velocidad con la que se improvisan nuevos portales. La existencia misma de esta plataforma como medida de contingencia sugiere que el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres aún opera bajo una lógica de parches digitales en lugar de una infraestructura de datos consolidada.
La brecha entre la interfaz y la capacidad forense
Es fundamental distinguir entre la utilidad inmediata de la plataforma y la realidad operativa en terreno. El portal solicita nombre, edad, fecha de desaparición, municipio y fotografía, datos esenciales para el primer filtro humanitario. Sin embargo, la experiencia en gestión de emergencias en Latinoamérica indica que el cuello de botella rara vez es el reporte ciudadano, sino la capacidad forense y logística para procesarlo. De poco sirve un registro digital eficiente si los institutos de medicina legal y los cuerpos de bomberos en ciudades como Cali, Pereira o Armenia carecen de conectividad estable, personal capacitado en identificación humana o cadenas de custodia digitalizadas.
Esta desconexión entre la interfaz digital y la capacidad física del Estado constituye un riesgo latente. En contextos de alta vulnerabilidad institucional, como el Chocó o ciertas zonas rurales del Valle del Cauca, la brecha digital podría excluir precisamente a quienes más necesitan ser encontrados. Mientras que en Manizales o Bucaramanga la penetración de internet facilita el uso de estas herramientas, en municipios con infraestructura precaria la búsqueda sigue dependiendo de la radio comunitaria y el voz a voz. Como analistas de riesgo, debemos advertir que la tecnificación de la respuesta no debe convertirse en una excusa para desatender la inversión en capacidades territoriales básicas. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha reiterado en evaluaciones post-desastre que la tecnología sin fortalecimiento institucional genera falsas expectativas y, eventualmente, desconfianza en la autoridad.
Lecciones para la cooperación hemisférica
Para nuestros socios en Washington y Bruselas, esta situación ofrece una ventana clara sobre dónde enfocar la cooperación técnica. Más allá de la ayuda humanitaria de emergencia, la prioridad estratégica debería ser el fortalecimiento de sistemas de información forense y de gestión de riesgos interoperables. El eje Bogotá-Washington-Brasilia tiene la oportunidad de trascender la retórica de la seguridad tradicional para abordar la seguridad humana desde una perspectiva de infraestructura de datos pública y auditable.
La iniciativa Colombia Te Busca merece ser reconocida como un acierto táctico en medio de la tragedia; salva vidas y conecta familias. Pero como columna vertebral de una política pública, resulta insuficiente. Un Estado de derecho robusto no puede depender eternamente de la buena voluntad digital ni de la reactividad ante el desastre. La verdadera prueba de madurez institucional llegará cuando dejemos de celebrar la creación de portales de emergencia y empecemos a exigir que los registros únicos de víctimas y desastres funcionen con la misma eficiencia en tiempos de paz y calma sísmica. Hasta entonces, seguiremos siendo una región experta en sobrevivir a sus propias fallas estructurales, pero incapaz de prevenirlas con la solidez que merecen nuestros ciudadanos.
La ciudadanía debe utilizar estos canales con confianza, pero también con la conciencia crítica de que son paliativos. Reportar en la plataforma o contactar a la Cruz Roja Colombiana a través de los canales oficiales divulgados por los medios es hoy un acto de solidaridad cívica indispensable. Mañana, deberá ser un recordatorio de que la tecnología es una herramienta, no una política de Estado.