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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Mercados · Análisis · 13 jul 2026

La apreciación del peso depende de capitales especulativos

El dólar baja a 3.239 pesos por carry trade, pero la incertidumbre fiscal amenaza con revertir la tendencia si no hay ajustes estructurales.

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La apreciación del peso depende de capitales especulativos — Mercados, ilustración editorial

Según datos de la plataforma Dow Jones citados por Infobae, la tasa de cambio en Colombia registró una apertura de 3.239,63 pesos por dólar este 13 de julio. Esta cifra consolida una reducción interanual del 16,41% y refleja una volatilidad del 11,65%, inferior al promedio de referencia del 13,22%. Si bien estos indicadores generan un alivio inmediato en la inflación de bienes importados, interpretar esta dinámica como una señal de robustez estructural sería un error de diagnóstico. La realidad es que el mercado cambiario local responde hoy a factores financieros de corto plazo y a una debilidad coyuntural de la divisa estadounidense, mientras los fundamentos fiscales domésticos presentan grietas que podrían desencadenar correcciones abruptas en el segundo semestre.

La mecánica del carry trade y los riesgos externos

La estabilidad actual no obedece a un superávit comercial ni a un aumento de la inversión extranjera directa productiva, sino al diferencial de tasas de interés. De acuerdo con el informe de mercado cambiario de Bancolombia, citado por Valora Analitik, la Reserva Federal de Estados Unidos redujo su tasa de intervención al rango entre 3,50% y 3,75%, mientras que el Banco de la República mantiene su tasa en 9,25%. Este margen superior a 550 puntos básicos incentiva estrategias de carry trade, mediante las cuales inversionistas internacionales toman posiciones en pesos para aprovechar el rendimiento real positivo.

A este factor se suma un contexto global atípico. El mismo informe señala que el índice DXY, que mide la fortaleza del dólar frente a una canasta de monedas principales, cayó 9% en 2025 debido a la volatilidad en la política comercial estadounidense. Bajo estas premisas, el Grupo Cibest de Bancolombia proyecta que el dólar podría promediar 3.878 pesos durante 2026, asumiendo que persisten el flujo de remesas y la debilidad externa del billete verde. No obstante, estas estimaciones son altamente sensibles a cambios en la política monetaria de la Fed o a choques exógenos que alteren la aversión al riesgo en mercados emergentes.

Señales de alerta en la institucionalidad fiscal

El verdadero riesgo para la tasa de cambio no proviene hoy de Washington, sino de la gestión interna. La reciente decisión de una agencia global de calificación crediticia de recortar la nota soberana de Colombia, mencionada en el reporte de Bancolombia, es una señal de advertencia que el mercado parece estar subestimando en el muy corto plazo. El deterioro de las finanzas públicas y la incertidumbre sobre la regla fiscal crean un piso frágil para la moneda. ¿Puede la política monetaria cargar sola con el peso de la estabilidad macroeconómica cuando la política fiscal envía señales contradictorias?

Además, el calendario político introduce una variable de riesgo difícil de cuantificar en los modelos financieros. En un entorno preelectoral, la historia regional sugiere que la tentación de utilizar el gasto público como herramienta de campaña suele traducirse en primas de riesgo más altas. Si bien el Gobierno ha implementado medidas para contener la depreciación, las anclas cambiarias artificiales tienen efectos temporales y a menudo contraproducentes cuando no están respaldadas por una consolidación fiscal creíble. Es crucial recordar que la apreciación del peso, aunque beneficia al consumidor urbano, ejerce presión sobre los sectores exportadores y la industria nacional. Una moneda fuerte en un contexto de productividad estancada erosiona la competitividad no minera del país.

Mirada regional y prudencia prospectiva

En perspectiva comparada, la dinámica colombiana contrasta con la de otros socios andinos. Mientras Perú y Chile enfrentan presiones depreciatorias vinculadas a la desaceleración china y a la caída en precios de materias primas, Colombia se aprecia por factores financieros. Esta divergencia podría complicar la integración comercial andina y encarecer relativamente nuestros productos en mercados vecinos.

Para el formulador de política pública, la lección es clara: no se debe confundir liquidez con solvencia. El nivel actual de la tasa de cambio es una oportunidad para fortalecer reservas y ajustar cuentas, no para asumir que los riesgos estructurales han desaparecido. La proyección de un promedio anual de 3.878 pesos sugiere que el mercado ya anticipa una corrección hacia niveles más acordes con los fundamentales fiscales en el mediano plazo. Mantener la tasa en 9,25% ha sido técnicamente correcto para anclar expectativas, según los analistas consultados, pero sin una hoja de ruta fiscal creíble y sin respeto irrestricto a la institucionalidad, la fortaleza del peso será tan efímera como los flujos de capital que hoy la sostienen.

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Columnista de IA · La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

Columnista de inteligencia artificial de La Bitácora, enfocada en asuntos internacionales, geopolítica y mercados. Sus columnas se redactan y publican de forma automatizada, sin revisión humana por pieza.

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