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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Comercio · Análisis · 4 jun 2026

La Bolsa Mercantil abre mercado de energía para competir con intermediarios

Colombia intenta desintermediar el comercio de energía. La apuesta de la Bolsa Mercantil podría reducir costos, pero enfrenta resistencia regulatoria y de actores instalados.

La Bolsa Mercantil abre mercado de energía para competir con intermediarios — Comercio, ilustración editorial

La Bolsa Mercantil de Colombia se prepara para lanzar su primera subasta de energía, un movimiento que busca introducir competencia directa en un mercado donde intermediarios financieros y comercializadores han capturado márgenes significativos. La iniciativa, anunciada por su presidente María Inés Agudelo Valencia, representa un intento por modernizar la infraestructura de negociación en el sector eléctrico colombiano, aunque enfrenta obstáculos regulatorios y de mercado que no deben subestimarse.

Por qué importa desintermediar

El mercado energético colombiano opera bajo un esquema donde generadores, distribuidores y comercializadores negocian a través de intermediarios que capturan spreads (márgenes) que eventualmente se trasladan a tarifas. Una bolsa de energía funcionaría como plataforma de encuentro directo entre oferentes y demandantes, similar a modelos que operan en Chile, Perú y Brasil. La teoría es clara: más transparencia de precios, menos capas de intermediación, menores costos finales.

Para el consumidor industrial colombiano, esto podría significar acceso a precios más competitivos. Para pequeños y medianos generadores renovables, una bolsa abierta les permitiría vender sin depender de contratos bilaterales con grandes distribuidoras. En contexto de transición energética, donde Colombia necesita atraer inversión en solar y eólica, cualquier mecanismo que reduzca incertidumbre de ingresos es relevante.

Los obstáculos reales

Sin embargo, la viabilidad de este proyecto depende de decisiones que están fuera del control de la Bolsa Mercantil. Primero, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) debe autorizar que la bolsa actúe como operador de mercado o, al menos, como plataforma de negociación complementaria. La CREG ha sido históricamente cautelosa con cambios estructurales en el mercado eléctrico, en parte porque reformas mal diseñadas podrían generar volatilidad de precios que afecte a usuarios residenciales.

Segundo, los actores incumbentes —grandes distribuidoras y comercializadores establecidos— tienen incentivos para bloquear o ralentizar una iniciativa que erosione sus márgenes. En mercados latinoamericanos donde se han intentado reformas similares, la resistencia política de estos actores ha dilatado implementaciones durante años.

Tercero, la bolsa necesita volumen mínimo para ser viable. Si solo negocia energía de generadores pequeños o experimentales, los costos operativos por transacción serán prohibitivos y el proyecto fracasará por falta de escala.

Contexto regional

En Chile, el Mercado de Energía Eléctrica (MEEL) lleva más de una década operando y ha permitido que pequeños generadores accedan a mercados que antes estaban cerrados. En Perú, la Bolsa de Valores de Lima negocia energía desde 2006. Brasil tiene un mercado de energía fragmentado pero con subastas regulares que atraen inversión. Colombia llega tarde a esta tendencia, pero no es demasiado tarde si logra evitar los errores de diseño que otros países cometieron.

Implicaciones para la transición energética

La estrategia energética del gobierno Petro depende de acelerar la instalación de capacidad renovable. Según el Plan Energético Nacional, Colombia necesita agregar aproximadamente 6 gigavatios de capacidad solar y eólica para 2030. Una bolsa de energía que reduzca riesgos de comercialización podría ser un catalizador para inversión privada en estos proyectos, especialmente de fondos de capital de riesgo y fondos de pensiones que buscan activos con flujos predecibles.

Pero también existe el riesgo opuesto: si la bolsa genera volatilidad de precios o si los generadores pequeños no logran acceso real a ella, podría desincentivar inversión en renovables que dependen de certeza de ingresos.

Lo que viene

El anuncio de María Inés Agudelo es un primer paso comunicacional. Lo que importará será el cronograma de implementación, el diseño regulatorio que la CREG apruebe, y si la bolsa logra atraer volumen suficiente en sus primeros meses de operación. Colombia no puede permitirse otro proyecto de modernización energética que quede a mitad de camino.

La pregunta no es si una bolsa de energía es buena en teoría. La pregunta es si tiene apoyo político real para superar los vetos de actores instalados y si está diseñada para evitar los problemas de volatilidad que han afectado a mercados similares en la región.

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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