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Judicial · Análisis · 19 may 2026

La Corte frena el 4x1.000 mientras gobierno y bancos se culpan

El diferendo entre autoridades financieras y entidades bancarias sobre la implementación de la medida revela grietas en la coordinación institucional.

La Corte frena el 4x1.000 mientras gobierno y bancos se culpan — Judicial, ilustración editorial

La implementación del 4x1.000 enfrenta un bloqueo judicial que expone las fracturas entre el Gobierno, la banca y la rama judicial. Según reportó La República, autoridades gubernamentales y bancos protagonizan un nuevo choque sobre quién retarda la normativa.

El mecanismo, diseñado como instrumento de política tributaria, requería coordinación entre múltiples actores: la Administración de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), la Superintendencia Financiera, los bancos como agentes recaudadores y, finalmente, la Corte Constitucional como árbitro de su constitucionalidad.

Lo que comenzó como un debate técnico sobre tasas y procedimientos se transformó en un conflicto de competencias. El Gobierno argumentaría que los bancos dilatan el cumplimiento; las entidades financieras señalarían que las autoridades no han definido con claridad los protocolos operativos. Ambas versiones circulan sin que exista un registro público consolidado que permita verificar quién incumple y en qué momento específico.

Este tipo de parálisis administrativa no es nueva en Colombia. Ocurre cuando una norma aprobada por el Congreso, avalada por el Ejecutivo y cuestionada ante la Corte, queda en una zona gris: ni se implementa completamente ni se suspende formalmente. Los ciudadanos y contribuyentes quedan en la incertidumbre.

Lo relevante desde la perspectiva institucional es que la Corte Constitucional mantiene competencia sobre la medida. Si la Corte ha frenado su implementación, ello sugiere que existe un proceso de revisión en curso. Las decisiones de la Corte no son instantáneas: requieren análisis de constitucionalidad, audiencias de las partes interesadas y redacción de sentencias que establezcan los términos legales.

Mientras tanto, el diferendo entre Gobierno y banca sobre responsabilidades revela un vacío de liderazgo coordinador. Ni la DIAN ni la Superintendencia Financiera han emitido comunicados públicos que establezcan con precisión quién está en incumplimiento y por qué. La ausencia de transparencia en estos procesos alimenta especulación y desconfianza.

Lo que debería ser un ejercicio de ejecución administrativa se convierte en un juego de culpas. El Gobierno acusa a los bancos de sabotaje regulatorio; los bancos responden que el Gobierno no proporciona instrucciones claras. Mientras tanto, la Corte examina si la norma misma es compatible con la Constitución.

Para el Estado de derecho, esto plantea un problema: cuando las instituciones no logran coordinar la implementación de una norma aprobada, la legitimidad de esas instituciones se erosiona. Los ciudadanos no entienden por qué una ley no se ejecuta, y los actores privados aprovechan la ambigüedad para postergar obligaciones.

La solución requiere que la rama judicial emita un pronunciamiento definitivo sobre la constitucionalidad del 4x1.000. Si la Corte lo declara constitucional, el Gobierno debe establecer un cronograma vinculante con la banca. Si lo declara inconstitucional o condicionalmente constitucional, ello debe comunicarse con claridad. La zona gris es lo que más daña la institucionalidad.

Mientras la Corte delibera, el Gobierno y los bancos deberían presentar públicamente sus posiciones sobre los obstáculos técnicos y legales. Eso permitiría que terceros —académicos, analistas, ciudadanos— evaluaran quién tiene razón. La opacidad en estos conflictos es el caldo de cultivo para la desconfianza en las instituciones.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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