La denuncia por presunto acoso sexual contra el periodista Rafael Poveda, divulgada por Brava News y el colectivo Yo Te Creo, Colega, reabrió una discusión que el periodismo colombiano suele tratar con más emocionalidad que rigor. Hay dos testimonios públicos, una negativa del señalado y, hasta ahora, ninguna decisión de autoridad competente. Esa es la fotografía del caso al 31 de julio de 2026, según reportó El Frente de Bucaramanga.
Una mujer asegura que, en encuentros posteriores a la jornada laboral, Poveda habría realizado acercamientos físicos no consentidos. Relató, siempre según la publicación, que el comunicador “empezaba a mover su mano y la deslizaba sobre mi pierna”. A ese testimonio se suma el de la activista Sofía Vela, quien afirmó haber sido víctima de presunto abuso sexual tras asistir a un curso dirigido por el presentador. Ambos relatos fueron difundidos por el mismo medio y el mismo colectivo.
Poveda publicó un pronunciamiento en sus redes en el que rechazó los señalamientos y cuestionó el procedimiento. Según El Frente, el periodista sostuvo que no fue escuchado antes de la publicación de las denuncias y compartió la conversación que tuvo con representantes de Yo Te Creo, Colega, invocando su derecho al debido proceso y a presentar su versión. Su defensa añadió que las acusaciones deberán ser analizadas por las autoridades y recordó que, desde el punto de vista jurídico, una denuncia no equivale a una condena.
Sobre ese último punto conviene detenerse. En Colombia, la Fiscalía General de la Nación es la encargada de evaluar la viabilidad de las denuncias por delitos sexuales y, en su caso, formular imputación. La Corte Constitucional, en sentencias como la T-145 de 2017 y la C-117 de 2019, ha reiterado que la presunción de inocencia es regla de tratamiento en cualquier etapa procesal y que las víctimas tienen derecho a una investigación seria, pronta y exhaustiva. Esas dos obligaciones —creer a la denunciante e investigar al denunciado— no se contradicen: se complementan dentro del proceso penal.
El problema aparece cuando el juzgamiento se traslada de los estrados a las redes. Cuando un medio o un colectivo publica una denuncia antes de que la víctima formalice ante la Fiscalía, o simultáneo a ello, el efecto práctico es doble: por un lado, se visibiliza un comportamiento que de otro modo quedaría en la opacidad; por el otro, se adelanta un veredicto social que prescinde del contradictorio. El debido proceso no es un privilegio del acusado: es una garantía diseñada para que la verdad pueda probarse.
Tampoco conviene demonizar al movimiento que acompaña a la denunciante. La existencia de colectivos como Yo Te Creo, Colega responde a una falla estructural documentada por la Defensoría del Pueblo y por la Comisión de la Verdad: el subregistro de violencias basadas en género dentro del periodismo, un gremio donde las relaciones de poder suelen ser verticales y la informalidad contractual deja a las víctimas en condición de mayor vulnerabilidad. Esos factores no convierten cada denuncia en verdad probada, pero sí obligan a tratarlas con seriedad institucional y no con linchamiento.
Lo que corresponde, entonces, es claro. Si hay denuncia penal, la Fiscalía debe avanzar en la indagación con perspectiva de género, conforme al protocolo establecido en la Ley 1257 de 2008 y en las directrices de la Fiscalía Delegada para los Delitos Sexuales. Si la víctima optó initially por la vía pública antes que la penal, el medio que publica asume una responsabilidad editorial que incluye contrastar con el señalado y publicar su respuesta íntegra, cosa que en este caso parece haberse hecho de manera parcial, según el registro disponible. Y el gremio periodístico —no solo el de Bucaramanga— debería abrir una conversación interna sobre códigos de conducta, mecanismos internos de denuncia y protocolos de acompañamiento, sin sustituir a la justicia.
El caso Poveda no se resuelve en una tarde de trending topics. Se resuelve en una Fiscalía que investiga, un juez que decide y una sociedad que, mientras tanto, se abstiene de condenar antes de tiempo.