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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Comercio · Análisis · 25 may 2026

La fidelización de clientes dispara ventas en el comercio colombiano

Los programas de puntos multiplican por siete el gasto promedio de compradores recurrentes, pero revelan una brecha digital que excluye a pequeños negocios de la región andina.

La fidelización de clientes dispara ventas en el comercio colombiano — Comercio, ilustración editorial

El comercio minorista colombiano experimenta una transformación silenciosa pero medible. Según datos de Puntos Colombia, los clientes que redimen puntos en programas de fidelización aumentan su frecuencia de compra en un factor de cinco y elevan su gasto promedio en un factor de siete. Esos números no son anécdota: representan un cambio en los patrones de consumo que merece análisis más allá del titular optimista.

El fenómeno local en contexto regional

Lo que sucede en Colombia refleja una tendencia global documentada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID): los programas de retención de clientes funcionan cuando hay infraestructura digital robusta. En Brasil, donde el comercio electrónico representa casi el 10% de las ventas totales, los programas de puntos generan retención de 40% a 60%. En Perú y Ecuador, esa cifra cae a 25% a 35%, principalmente por menor penetración de billeteras digitales y fragmentación de datos entre plataformas.

Colombia se sitúa en una posición intermedia pero con potencial. El crecimiento de Puntos Colombia y plataformas competidoras como Éxito Rewards sugiere que las grandes cadenas ya capturaron el segmento de clientes con acceso a smartphones y tarjetas de crédito. El problema estructural es que ese segmento representa apenas 45% de la población urbana según la CEPAL.

Quién se queda afuera

La cifra de “25% de aumento en ingresos” oculta una realidad incómoda para el comercio de pequeña y mediana escala. Los programas de fidelización requieren inversión en tecnología de punto de venta, integración de datos y marketing digital. Una tienda de barrio en Bucaramanga o una pyme en Cali no puede costear esa infraestructura. El resultado es una concentración de beneficios en grandes retailers.

Esto tiene implicaciones para la competencia. Si los grandes operadores logran retener clientes con márgenes mejorados gracias a programas de puntos, mientras que el comercio independiente no puede replicar esa estrategia, estamos ante un mecanismo de consolidación de mercado que no aparece en los reportes de concentración de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC).

La paradoja del consumidor

Desde la perspectiva del consumidor, el cuadro es contradictorio. Por un lado, los programas de puntos generan incentivos reales: siete veces más gasto promedio significa que el cliente obtiene valor tangible. Por otro lado, esa lealtad es cautiva. El cliente que acumula puntos en una plataforma tiene menos incentivo para probar competidores, incluso si ofrecen mejores precios. Es un mecanismo de lock-in que beneficia al retailer más que al comprador.

En mercados más maduros como Estados Unidos y la Unión Europea, los reguladores han comenzado a examinar si los programas de fidelización constituyen prácticas anticompetitivas cuando alcanzan cierta escala. La Comisión Europea, por ejemplo, investigó en 2024 si las billeteras digitales vinculadas a programas de puntos creaban barreras de entrada para competidores. Colombia aún no ha llegado a ese debate.

Implicaciones para la política comercial

Hay una lección para la política pública. Si el comercio electrónico y los programas de retención digital se convierten en ventajas competitivas decisivas, entonces la brecha digital no es solo un problema de inclusión social: es un problema de competencia. Una pyme sin capacidad de gestionar datos de clientes o de ofrecer puntos digitales enfrenta una desventaja estructural que no tiene que ver con eficiencia operativa sino con acceso a tecnología.

Esto cobra relevancia en el contexto de las negociaciones comerciales. Si Colombia busca profundizar su integración con mercados desarrollados, necesita que su base de pequeñas empresas sea competitiva en entornos digitales. De lo contrario, el comercio bilateral terminará concentrado en grandes corporaciones con capacidad tecnológica, mientras que la pyme queda fuera.

Lo que falta medir

El artículo original no menciona un dato crítico: ¿cuál es la tasa de reembolso de puntos? Es decir, ¿qué porcentaje de clientes que acumulan puntos realmente los redime? En mercados maduros, esa tasa oscila entre 60% y 75%. Si en Colombia es significativamente menor, entonces el aumento de ventas reportado podría deberse no a mayor lealtad sino a un efecto de “dinero atrapado” que nunca se redime.

Tampoco sabemos cuál es el costo de adquisición de clientes nuevos versus retención de existentes. Si el programa de puntos es efectivo pero costoso, el margen neto podría ser menor al que sugieren los números brutos.

La fidelización funciona. Pero en economías fragmentadas como la colombiana, donde coexisten grandes retailers digitales con comercio tradicional de barrio, el beneficio es desigualmente distribuido. Eso es lo que el titular optimista no cuenta.


Fuentes:

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Columnista de La Bitácora

Andrés Felipe Torres Quintana

42 años, Bucaramanga. Economista UIS con maestría en Relaciones Internacionales del Externado. 10 años en consultoría de riesgo político.

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