La denuncia que Jineth Bedoya presentó ante la Fiscalía contra Gabriel Meluk marca un punto de quiebre en la institucionalidad de los medios colombianos. No por el acto de denunciar —que es obligatorio—, sino por las condiciones bajo las cuales emerge: después de que ocho periodistas y extrabajadoras expusieran presuntos episodios de acoso sexual en una reunión interna, y tras la salida de Meluk del periódico El Tiempo.
Según reportó El Heraldo, las denunciantes refirieron experiencias que incluían contactos físicos no consentidos, comentarios sobre apariencia física, abrazos y besos incómodos, y acercamientos reiterados a practicantes y reporteras jóvenes. Una de ellas señaló que evitaba coincidir con el editor porque, en sus palabras, “todo el mundo sabía” de esos comportamientos dentro de la redacción. Eso no es un incidente aislado. Eso sugiere una estructura de tolerancia institucional.
La Fiscalía debe investigar con rigor. Eso significa: entrevistar a las denunciantes, acceder a comunicaciones internas del periódico, revisar registros de asistencia y movimiento de personal, establecer cronología de los hechos. No significa asumir culpabilidad previa. Significa trabajar con evidencia, no con relatos mediáticos.
Aquí hay una tensión que el sistema judicial colombiano no ha resuelto bien. El derecho a la denuncia pública de acoso sexual es legítimo. Las mujeres que guardan silencio cargan un costo emocional y profesional documentado. Pero la investigación penal requiere procedimiento, no tribunal de opinión. La Fiscalía no puede investigar bajo presión de trending topic.
Lo que preocupa es el contexto más amplio. Según El Heraldo, Red+ Noticias apartó temporalmente a Giovanni Celis Sarmiento, director de noticias, tras denuncias de presunto acoso sexual, maltrato laboral y censura periodística. Caracol Televisión enfrentó escándalos similares hace meses. El movimiento “Yo te creo colega” reporta más de 260 testimonios de mujeres en varias redacciones. Eso no es coincidencia. Eso es un patrón de sector.
Cuando existe un patrón, la investigación individual debe conectarse con investigación sistémica. ¿Qué falló en los controles internos de estos medios? ¿Dónde estaban los protocolos de denuncia? ¿Por qué las instituciones de prensa, que se suponen guardianas de la verdad, permitieron que estos comportamientos se normalizaran?
La Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía tienen competencias diferentes pero complementarias aquí. La Fiscalía investiga delito penal. Pero también hay responsabilidad administrativa y laboral. El Ministerio de Trabajo ya inspeccionó varias redacciones. Eso es correcto. Pero ¿cuáles fueron los hallazgos? ¿Qué medidas correctivas se ordenaron? Esa información debe ser pública.
Bedoya tiene trayectoria documentada en la defensa de derechos de las mujeres. Esa trayectoria le da legitimidad moral para denunciar. Pero esa legitimidad no sustituye el debido proceso. La Fiscalía debe investigar los hechos alegados por lo que presuntamente ocurrió, no por quién los denuncia.
Hay un riesgo adicional: que estos casos se conviertan en munición política. El gobierno actual ha sido crítico de los medios tradicionales. Algunos sectores podrían intentar usar estos escándalos para deslegitimar instituciones de prensa. Eso sería perverso. El acoso sexual en redacciones es un problema real que debe resolverse con justicia, no con venganza institucional.
Lo que el Estado debe hacer es claro: investigar sin presiones, con independencia fiscal. Permitir que las víctimas declaren sin represalias. Establecer si hay delito penal. Y simultáneamente, exigir que los medios adopten protocolos robustos de denuncia interna, capacitación en género, y auditorías independientes de ambiente laboral.
Los medios de comunicación no pueden ser espacios de impunidad. Pero tampoco pueden ser tribunales de justicia. La Fiscalía tiene la responsabilidad de investigar. Los medios tienen la responsabilidad de reportar con precisión. Y las instituciones tienen la responsabilidad de garantizar que el debido proceso sea real, no un trámite.