Las encuestas de mayo traen un diagnóstico que ya no es especulativo: Colombia irá a segunda vuelta. Invamer, AtlasIntel, Centro Nacional de Consultoría, Guarumo y Fundación Génesis Crea —firmas con metodologías distintas— convergen en un punto estructural que redefine la competencia electoral.
Ningún candidato presidencial alcanza actualmente el 50% de intención de voto. Eso no es un detalle técnico. Es el dato que cierra la primera ronda.
Según reportó El Frente, la medición más reciente de Fundación Génesis Crea, realizada entre el 4 y 11 de mayo, ubicó a Iván Cepeda en primer lugar con 35,1%. Paloma Valencia registró 25,4% y Abelardo de la Espriella 21,6%. El resto del espectro —Claudia López, Sergio Fajardo, Miguel Uribe Londoño— no alcanza el 4% individual.
Pero los números varían según quién mida. Invamer, en su sondeo de mediados de abril, otorgó a Cepeda 44,3%, cifra que lo acercaba al umbral. De la Espriella aparecía segundo con 21,5% y Valencia tercera con 19,8%. La diferencia sugiere volatilidad real en las franjas de población donde Cepeda tiene mayor o menor consolidación.
Guarumo y EcoAnalítica, en su medición de finales de abril para El Tiempo, presentaron otro escenario: Cepeda 38%, De la Espriella 23,9%, Valencia 22,8%. Aquí emerge el dato político más relevante. Según estos números, los dos candidatos de derecha —Valencia y De la Espriella— sumaban 46,7% del voto agregado. Eso significa que si la derecha lograra consolidarse en una sola candidatura, estaría en condiciones competitivas para segunda vuelta.
AtlasIntel rompió el patrón. En su medición, De la Espriella lideraba con 31,2%, Valencia con 29,6% e Iván Cepeda en tercer lugar con 24,8%. Es el único sondeo donde el orden de los candidatos principales se invierte.
La dispersión entre encuestadoras refleja volatilidad real a este punto de la campaña. Pero la convergencia en un aspecto es notable: todos coinciden en balotaje.
Eso tiene consecuencias inmediatas. Primero, los candidatos que no logren entrar a segunda vuelta enfrentarán presión para retirarse o negociar apoyo. Segundo, la fragmentación de la derecha podría beneficiar a Cepeda en primera ronda si De la Espriella y Valencia compiten divididos. Tercero, esa misma fragmentación lo expondría a un rival consolidado en segunda si la derecha logra converger.
Lo que las encuestas no capturan es la dinámica que genera la certeza de balotaje. Cuando los votantes saben que su candidato no llegará a segunda vuelta, cambian de comportamiento. Algunos migran estratégicamente. Otros se abstienen. Otros se movilizan defensivamente.
El dato político central está en esa cifra de 46,7% de derecha agregada. Casi mayoría. Si De la Espriella y Valencia lograran converger —cosa que hoy parece improbable pero que la política electoral ha visto antes—, la segunda vuelta sería una competencia abierta. Si no convergen, Cepeda entraría a balotaje como favorito.
Las encuestas de mayo son una fotografía de volatilidad, no una película de tendencia. Pero esta fotografía muestra un país que irá a votar dos veces, y que aún no ha definido quiénes serán los dos finales.