Los alcaldes del área metropolitana de Cúcuta, con injerencia directa sobre la zona de frontera con Venezuela, plantearon al nuevo gobierno nacional un conjunto de demandas en materia de seguridad, infraestructura policial y dinamización comercial del eje limítrofe.
Según reportó Caracol Radio, el alcalde de Villa del Rosario, Camilo Suárez, manifestó que existen expectativas frente a los anuncios del nuevo presidente Abelardo de La Espriella y mencionó un paquete de obras que incluye un Distrito de Policía, mayor presencia de la fuerza pública y del Ejército, y acciones focalizadas en áreas que el propio mandatario local describió como neurálgicas para la comisión de delitos. El mismo Suárez planteó la apertura 24 horas del paso fronterizo como una aspiración que, de acuerdo con la emisora, deberá ser evaluada por las autoridades de los dos países.
El reclamo se inscribe en una presión estructural de más de una década sobre el eje Cúcuta–Villa del Rosario–Los Patios: flujos migratorios, presencia de grupos armados irregulares, contrabando y disputa por el control territorial. Lo que cambia con la nueva administración es el interlocutor, no los problemas.
Hay tres puntos que merecen atención desde la óptica de la gestión pública.
Primero, la infraestructura de seguridad. Un Distrito de Policía en Villa del Rosario es una obra de larga maduración, con fases de prefactibilidad, contratación, ejecución y dotación. Si la apuesta es presencia permanente y no rotación de uniformados, la inversión debe llegar acompañada de un plan de vivienda fiscal, incentivos de carrera y articulación con la Policía Metropolitana de Cúcuta. De lo contrario, el riesgo es entregar un edificio sin capacidad operativa sostenida.
Segundo, la apertura 24 horas del paso fronterizo. Cualquier decisión sobre horarios del eje limítrofe depende de la coordinación con Caracas, y esa coordinación no se improvisa. Una apertura sin controles migratorios reforzados, sin cooperación judicial y sin protocolos sanitarios y aduaneros definidos no amplía la frontera: la vuelve más porosa. La pregunta es si el nuevo gobierno tiene ya un canal binacional instalado para discutir el asunto, o si la expectativa local se traducirá en una mesa técnica con fechas.
Tercero, la dimensión comercial y de cooperación. El alcalde rosariense vinculó la apertura con el desarrollo económico y el trabajo conjunto entre los dos países. La observación es pertinente, pero conviene recordar que el comercio formal por la frontera ha convivido históricamente con circuitos informales de difícil fiscalización. Una apertura 24 horas exige, como mínimo, un plan binacional de aduanas, un sistema de trazabilidad de mercancías y reglas claras para el transporte de carga y pasajeros, con cronogramas públicos.
La nueva administración tiene ante sí una oportunidad concreta: demostrar que la política de seguridad fronteriza se mide en presencia institucional sostenida, no en declaraciones. Los alcaldes de Cúcuta, Villa del Rosario, Los Patios y San Cayetano pusieron sobre la mesa una agenda verificable. Ahora corresponde ejecutarla con cifras, pliegos, contratos en Secop II y resultados públicos.
La frontera con Venezuela no admite más anuncios sin presupuesto, ni más presupuesto sin ejecución.