El Dane publicó este 12 de junio las cifras de pobreza monetaria para 2025. La tasa pasó de 31,8% a 28% y la pobreza extrema también cedió. Según el reporte, cerca de 1,7 millones de colombianos salieron de la pobreza monetaria y alrededor de un millón dejaron la pobreza extrema, como reportó Publimetro.
El presidente Gustavo Petro calificó el dato como “la noticia más importante de mi gobierno” en una alocución emitida por redes sociales, luego de que la Comisión de Regulación de Comunicaciones, según denunció el propio mandatario, no autorizara su transmisión en televisión. La cadena nacional denegada es, en sí misma, un capítulo aparte que merece seguimiento: un Presidente que recurre a las plataformas digitales para comunicar resultados宏观经济 cuando la institucionalidad le cierra la puerta televisiva está erosionando un instrumento de comunicación oficial que existe precisamente para los mensajes de Estado.
Volvamos a las cifras. Petro tiene razón en un punto: 28% de pobreza monetaria es la tasa más baja del siglo, como él mismo lo planteó y como lo reproduce el reporte del Dane citado por Publimetro. Pero atribuir el resultado exclusivamente a su administración es, cuando menos, impreciso. La caída de la pobreza que se observa en 2025 es la continuidad de una tendencia que arrancó con fuerza en los últimos años del gobierno de Iván Duque, período durante el cual se registró la recuperación pospandemia. Los datos del propio Dane muestran que la curva descendente venía trazada desde 2022.
Hay al menos tres factores que la alocución presidencial no mencionó y que cualquier análisis serio debe considerar. Primero, el control de la inflación, que depende de la política monetaria del Banco de la República, entidad independiente cuya junta directiva no responde al Gobierno. Segundo, el flujo de remesas, que en los últimos años se ha consolidado como una de las principales fuentes de ingresos de los hogares de menores recursos, según múltiples análisis del Banco de la República y del Banco Mundial. Tercero, la dinámica del empleo formal, que responde tanto a decisiones del sector privado como a la política macro, no solo a los programas sociales.
El alza del salario mínimo de dos dígitos, destacada por Petro como motor de la reducción, tiene efectos reales sobre el ingreso laboral, pero también presiones inflacionarias que el propio Banco de la República ha señalado. Una política salarial expansiva en un contexto de inflación controlada puede mejorar la pobreza coyunturalmente; la pregunta de fondo es si la inversión social y la reforma tributaria que planteó el Gobierno generan capacidad instalada para sostener la trayectoria cuando el ciclo económico cambie.
El contraste con el alcalde Carlos Fernando Galán, a quien Petro respondió en la misma jornada según la nota de Publimetro, es ilustrativo. Galán reportó una reducción de la pobreza en Bogotá y atribuyó el resultado a su gestión. Esa misma lógica de apropiación política de un indicador que depende de múltiples variables es la que ahora aplica el Gobierno nacional. La diferencia es que un alcalde tiene margen de maniobra más directo sobre inversión social local; un presidente habla de un país.
Reconocer un dato favorable del Dane no equivale a endulzar la gestión. Es un hecho: hay 1,7 millones de personas menos en pobreza. Pero también es un hecho que la cifra no se firma sola, que la tendencia venía de antes y que la sostenibilidad del resultado depende de variables que el Gobierno no controla. La política, cuando se ejerce con seriedad, admite que las buenas noticias no siempre son hijos legítimos del discurso presidencial.