El fenómeno no es nuevo, pero la forma en que se articula sí. Mientras las redes sociales construyen un ecosistema obsesionado con la imagen pulida y el filtro perfecto, un segmento creciente de adolescentes colombianas apunta en dirección opuesta: hacia la autenticidad sin negociación. Giovanna, a través de una carta abierta, invita a abandonar el molde de la perfección como acto político.
Para quien no siguió el hilo: durante años, la cultura digital y el consumo de contenido aspiracional han presionado a las adolescentes hacia un ideal imposible. Piel sin poros. Cuerpo de revista. Éxito sin fricción. Esa presión no viene solo de afuera; también la interiorizan. El fenómeno que se describe como “rareza” —ser diferente, tener gustos no convencionales, rechazar la homogeneidad— se reposiciona aquí no como estigma sino como acto de resistencia. La carta abierta reconoce que quienes elige ese camino descubren algo: no están solas.
Lo interesante desde la política cultural es que esto ocurre en un contexto donde la industria del bienestar, la belleza y la autoayuda sigue apostando por la perfección como producto vendible. Pero hay una grieta. En TikTok, en Bluesky, en los espacios donde las adolescentes hablan sin moderación, crece un lenguaje que celebra la imperfección, la neurodivergencia visible, los cuerpos que no caben en la medida. No es que desaparezca la presión por encajar; es que emerge una contrapresión más fuerte: la de simplemente no participar en esa carrera.
Esto tiene implicaciones. Si la perfección era el lenguaje de poder de la generación anterior, la autenticidad se convierte en moneda de cambio para esta. Pero hay que estar atentos: la industria ya está capturando el discurso. La “rareza auténtica” puede convertirse rápidamente en otro producto, otro filtro, otra forma de homogeneidad disfrazada de libertad. La pregunta es si el movimiento que describe Giovanna logra mantenerse como rechazo genuino o termina siendo absorbido por el mismo sistema que critica.