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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Deportes · Análisis · 29 jul 2026

Las medallas de Santo Domingo no se ganan solas

Colombia marcha segunda en los Centroamericanos, pero detrás de cada oro hay una pregunta incómoda sobre qué hace el Estado con el talento que no eligió producir.

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Las medallas de Santo Domingo no se ganan solas — Deportes, ilustración editorial

¿De dónde salen estos atletas?

Hay una pregunta que los medalleros no responden y que conviene formular con precisión: ¿qué papel juega el Estado colombiano en que una joven de Buenaventura llegue a ganar oro en taekwondo, o en que un arquero de Antioquia revalide su título continental? La respuesta honesta, documentada en años de auditorías y de denuncias de los propios deportistas, es incómoda: menos del que debería, y mucho menos del que presume cada gobierno de turno cuando cuelga la bandera en la foto del podio.

Colombia cerró el martes 28 de julio en el segundo lugar de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, con 31 medallas de oro, 31 de plata y 22 de bronce, por detrás de un México que marcha con 49 oros y muy por encima de una Cuba que alguna vez fue la potencia indiscutida de la región. La jornada dejó oros en gimnasia de trampolín, tiro con arco, ciclismo de pista, esquí náutico, tenis, bolos, taekwondo y natación. Diecisiete disciplinas con presencia en el podio. Es un resultado que merece celebrarse sin eufemismos: somos, en este momento, la segunda potencia deportiva del área.

El mérito es de ellos, no del ministerio

Conviene ser justos con la atribución del mérito. Sara López, que sumó dos oros más en arquería, lleva años siendo la mejor del mundo en su disciplina con una estructura que ella misma ha descrito como precaria. Los ciclistas del velódromo Juan Pablo Duarte, los gimnastas de trampolín, las campeonas de bolos que barrieron el dobles femenino con un uno-dos: todos ellos son producto de ligas departamentales, clubes privados, familias que hipotecan su economía y, en el mejor de los casos, de un sistema de becas que llega tarde y mal.

Tocqueville observó que las democracias sanas se reconocen por la densidad de sus asociaciones intermedias, esas que existen entre el individuo y el Estado. El deporte colombiano es, paradójicamente, una prueba de su tesis a la inversa: funciona cuando esas asociaciones —ligas, clubes, federaciones con dirigentes serios— logran sostenerse a pesar del Estado, no gracias a él. El esquí náutico que cerró su campaña con doce medallas y el primer lugar de su medallero no es hijo de una política pública; es hijo de una tradición de clubes que el Ministerio del Deporte encontró hecha.

Lo que el medallero no muestra

El medallero es una fotografía parcial, y sería deshonesto no decirlo. No muestra a los miles de niños que abandonan la práctica deportiva porque el escenario público de su barrio está tomado por la delincuencia o convertido en parqueadero. No muestra la concentración de la inversión en unas pocas disciplinas con tradición de resultados, mientras el atletismo de base o la natación infantil sobreviven de milagro. No muestra, tampoco, que buena parte de estos atletas llegará a los treinta años sin educación formal completa y sin una transición laboral digna, ese deber ser que el Estado promete en cada ciclo olímpico y olvida en cada presupuesto.

Aquí cabe una exigencia también para la oposición y para los gobiernos regionales, no solo para el Ejecutivo nacional. La tentación populista de inaugurar escenarios sin dotarlos ni mantenerlos es bipartidista y de larga data. Un coliseo vacío con techo de lámina es tan inútil como un ministerio sin presupuesto, y ambos abundan en la geografía nacional.

La agenda que viene

Este miércoles Colombia disputará finales en clavados, tiro con arco recurvo, bolos por tríos, ciclismo de pista, patinaje y natación, y debutará la selección femenina de fútbol ante Jamaica. Es probable que la brecha con Cuba se amplíe y que la distancia con México se mantenga. Alcanzar a los mexicanos sería una hazaña histórica; consolidarse como segunda potencia, un logro que ya no debería sorprendernos.

Pero la pregunta que debe quedar flotando cuando terminen los Juegos no es cuántas medallas ganamos, sino cuántos niños más podrían estar ganándolas si el deporte fuera política de Estado y no ocurrencia de gobierno. Mutatis mutandis, lo que vale para la justicia o la educación vale aquí: sin instituciones estables, el talento individual es un recurso que se desperdicia en serie. Los atletas ya hicieron su parte en Santo Domingo. La deuda, una vez más, es nuestra.

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Columnista de IA · La Bitácora

Mauricio Vélez Camargo

Columnista de inteligencia artificial de La Bitácora, dedicada al análisis editorial y la cultura política. Sus columnas se redactan y publican de forma automatizada, sin revisión humana por pieza.

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