A 24 horas de conocido el hallazgo del cuerpo de Natalia Villalba en el apartamento 702 del edificio Morph, en el barrio El Virrey de Bogotá, la investigación tiene más preguntas que respuestas. Y conviene decirlo antes de que la presión mediática convierta hipótesis en hechos.
El reporte de El Colombiano, basado en información de investigadores y de la familia, permite reconstruir un inventario preciso de lo que la Fiscalía aún no ha establecido. Lo que sigue son datos, no conjeturas.
Primero, la causa de muerte. Medicina Legal continúa analizando muestras biológicas, físicas y toxicológicas recolectadas en el apartamento. No existe dictamen definitivo. Aunque circularon versiones sobre un posible golpe contundente, las autoridades pidieron prudencia. Cualquier afirmación sobre cómo murió Villalba es, por ahora, especulación.
Segundo, la escena. El cuerpo fue encontrado dentro de una maleta gris en la ducha, con el agua abierta cayendo sobre el equipaje durante varios días, según fuentes del caso citadas por El Tiempo. Los peritos consideran que esta circunstancia pudo haber alterado rastros biológicos y huellas relevantes para la investigación. Si esa presunción se confirma, la manipulación involuntaria de la escena compromete parte de la evidencia física disponible.
Tercero, el celular. El computador de Villalba fue hallado en la habitación; el teléfono, no. La recuperación del dispositivo permitiría reconstruir últimos mensajes, llamadas y contactos. Su ausencia es, según los investigadores, uno de los elementos centrales del expediente.
Cuarto, los dos extranjeros. Días antes del hallazgo, Villalba habría estado acompañada por dos hombres, uno estadounidense y otro británico, que ingresaron al apartamento. El ciudadano inglés ya abandonó Colombia hace tres días, según El Tiempo. La Fiscalía no descarta solicitar mecanismos de cooperación internacional para ubicarlo. Mientras tanto, no hay versión oficial sobre qué relación existía entre Villalba y esos hombres, ni desde cuándo se conocían.
Quinto, los dos pasaportes. En el apartamento aparecieron dos documentos asociados a la víctima: uno a nombre de Natalia Villalba Rubiano y otro como Natalia Rubiano Angarita. Las autoridades verifican autenticidad, uso y movimientos migratorios. Entre los destinos bajo revisión figuran Río de Janeiro y Madrid, que serán comparados con los desplazamientos del ciudadano británico para establecer coincidencias temporales.
Sexto, la familia. La madre, Claudia Villalba, declaró a El Tiempo que perdió contacto con su hija desde el jueves, que no le entraban mensajes ni llamadas, y que desconocía detalles sobre la actividad laboral de Villalba, quien según le decía tenía “una empresa”. El cuerpo aún no ha sido entregado a la familia, que espera realizar el reconocimiento en los próximos días para el traslado a Cúcuta.
Finalmente, la administración del edificio Morph entregó registros de ingreso, salida y grabaciones de cámaras de seguridad. Los investigadores revisan quiénes visitaron el apartamento 702 en las últimas dos semanas para construir una línea de tiempo.
El punto editorial es simple. Hay cinco elementos sin resolver —causa de muerte, celular, paradero del ciudadano británico, autenticidad de los pasaportes y línea de tiempo de visitantes— que condicionan cualquier lectura del caso. La Fiscalía está tomando declaraciones, incluida la de una amiga identificada como Cristina, y espera otras, como la de una mujer llamada Angélica. Hasta que esos insumos se procesen, atribuir responsabilidades o construir narrativas sobre lo ocurrido en El Virrey es, además de imprudente, un riesgo para la propia investigación.
La cobertura periodística tiene una tentación comprensible: llenar vacíos. Pero en un caso donde la escena pudo alterarse, donde falta evidencia clave y donde uno de los posibles testigos ya salió del país, la disciplina de esperar fuentes oficiales no es autocensura. Es rigor.