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La Bitácora

Opinión, ensayo y memoria política

Política · Análisis · 20 jun 2026

Lo que la baja de Marlon deja sin resolver en el Naya

La muerte del cabecilla en Cauca abre una disputa sucesoria que el Estado debe contener con presencia civil sostenida, no solo con partes militares.

Lo que la baja de Marlon deja sin resolver en el Naya — Política, ilustración editorial

La baja de un mando medio-alto de las disidencias que se atribuyen a alias Mordisco, reportada por tropas del Comando Conjunto de Operaciones Especiales en una zona de frontera entre Cauca y Valle, según informó La FM, no resuelve un problema. Lo desplaza.

El dato operativo es verificable: de acuerdo con la misma fuente, se trata del cabecilla de mayor rango de esa estructura en Cauca y de quien sería el sucesor designado de Mordisco. En estricto sentido, es un resultado militar en una zona donde la presencia estatal ha sido intermitente durante décadas. La lectura de seguridad, en cambio, exige más.

Cuando cae un mando de ese nivel sin una operación paralela de control territorial, lo que se produce es una vacancia. Y las vacancias en organizaciones armadas ilegales no se llenan con concursos de mérito ni con comunicados: se llenan con disputas internas. La sucesión suele dirimirse entre lugartenientes que compiten por el control de las rutas de narcotráfico, la minería ilegal y el reclutamiento. Cada disputa es, para las comunidades del Naya, una temporada adicional de violencia.

Existe además un patrón que conviene documentar. Las disidencias que se reclaman de Mordisco han enfrentado golpes operativos de envergadura en los últimos años, según han reportado distintos medios y analistas. Su respuesta, también documentada, ha sido doble: fragmentación y reemplazo. La fragmentación multiplica cabecillas locales; el reemplazo preserva la marca. La baja del cabecilla al que La FM identifica como Marlon, siempre según esa fuente, era la apuesta de continuidad. Su caída obliga a recalcular, y obliga a recalcular al Estado.

Para el Gobierno nacional, el desafío no es solamente registrar el resultado. Es evitar que la reconfiguración se traduzca en recrudecimiento. Eso requeriría, como mínimo, tres condiciones que hasta ahora no se observan de manera articulada: presencia institucional civil sostenida en los municipios del Naya, coordinación efectiva entre fuerza pública, Fiscalía y justicia especializada, y una política de sustitución económica que no dependa exclusivamente de la aspersión ni de la promesa. La región del Naya ha sido durante años un punto crítico de la geografía del conflicto colombiano: corredor de movilidad entre Cauca y Valle, zona de cultivos de uso ilícito, área de influencia de múltiples actores armados. La operación contra este cabecilla es un capítulo. El siguiente lo escribirá el Estado con presencia sostenida, o lo escribirán los grupos armados con su lógica de siempre.

También cabe una pregunta incómoda. Si el cabecilla dado de baja era, como reporta La FM, el sucesor de Mordisco, ¿qué se sabe del estado actual de Mordisco? ¿Está operativo, capturado, neutralizado? La fuente no lo precisa, y esa imprecisión no es menor: define si estamos ante el debilitamiento de una estructura o ante el simple relevo de su segundo al mando. Un parte militar que no contextualiza la cadena de mando deja al lector con la mitad de la información.

Por ahora, lo verificable es lo siguiente: hubo una operación militar en el Naya, hubo una baja de un cabecilla identificado como Marlon y, según La FM, ese cabecilla tenía un rol de sucesión dentro de las disidencias de Mordisco. Todo lo demás —impacto real sobre la estructura, efecto sobre la violencia local, capacidad del Estado para llenar el vacío— pertenece todavía al terreno de lo que debería pasar y no siempre pasa.

Una columna seria no puede terminar con un elogio ni con una condena automática. Puede terminar con una exigencia documentada. La baja exige, como mínimo, tres reportes públicos en los próximos treinta días: uno militar sobre el estado de la estructura, uno de la Fiscalía sobre las investigaciones que pesen sobre los posibles sucesores y uno del Ministerio del Interior sobre la situación de orden público en los municipios del Naya. Sin esos tres reportes, este resultado será, en el mejor de los casos, un parte de guerra; en el peor, una vacante que se llenará con peores noticias para las comunidades.

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Columnista de La Bitácora

Catalina Restrepo Mejía

38 años, Medellín. Egresada de Ciencia Política de EAFIT con maestría en Periodismo de los Andes. 15 años cubriendo contratación pública y política regional.

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