Néstor Lorenzo metió la mano en la canasta de fichas. El partido contra Costa Rica no fue solo un amistoso de despedida en El Campín: fue un laboratorio. El técnico colombiano ensayó una alineación inicial que rompió con sus patrones habituales, metiendo a Willer Ditta, Gustavo Puerta y Juan Camilo Hernández como titulares. Simultáneamente, dejó en el banco a James Rodríguez, Daniel Muñoz y Jefferson Lerma. El mensaje fue claro: nada está escrito.
Lo que siguió confirmó que Lorenzo sigue buscando respuestas. Con la segunda mitad recién comenzada, realizó cuatro cambios de un solo golpe: entrada de Jhon Arias, Luis Javier Suárez, Jhon Lucumí y James. El capitán jugó todo el segundo tiempo, recibiendo ritmo competitivo antes del Mundial. Después vinieron más movimientos entre los minutos 70 y 75: salieron Ditta y Puerta, entraron Quintero, Portilla y Kevin Castaño. Luego tocó el turno a los laterales. Mojica y Santiago Arias se fueron; llegaron Deiver Machado y Muñoz. Una rotación prácticamente completa.
Lo notable no es la victoria, sino el patrón. Davinson Sánchez fue sólido en defensa y anotó de cabeza, pero Ditta, uno de los sorpresas iniciales, apenas duró 70 minutos. Hernández mostró cosas interesantes pero no terminó el partido. James entró en el segundo tiempo, como si Lorenzo le dijera: “Tu rol es este, no el de titular”. Cuatro jugadores nunca pisaron el campo: Campaz, Córdoba, Montero y Lerma. El interrogante es obvio: ¿fuera de forma o fuera del proyecto?
Esto importa porque Lorenzo tiene un partido más, ante Jordania, antes de cerrar su nómina para Qatar. Cada minuto que regala o niega es información. No está rotando porque sí. Está rotando porque todavía no tiene certeza en la defensa, dudas sobre quién acompaña a Luis Díaz en ataque, y porque James sigue siendo su plan A, aunque necesite ser administrado. El 3-1 fue goleada, pero para Lorenzo fue un examen de taller. Y aún hay calificaciones pendientes.