Adrián Alexis Guevara Reyes, de 22 años, falleció este lunes en el sector de Gavia, zona rural de Riosucio, después de ingresar a la mina Los Tomines. La causa aparente: contaminación por gases. Un compañero de 26 años también fue afectado y fue trasladado al Hospital San Juan de Dios.
Según el comandante del Cuerpo de Bomberos de Riosucio, Óscar Mejía, ambos mineros enfrentaron problemas de salud al entrar a lo que describe como “una mina gasificada”, aunque subraya que las autoridades aún investigan las causas precisas del incidente.
Guevara Reyes pertenecía al resguardo indígena Cañamomo y Lomaprieta. Su muerte marca el primer fallecimiento registrado este año en la jurisdicción minera local, pero no es un caso aislado: hace apenas dos semanas, dos jóvenes murieron en un derrumbe en Marmato, municipio vecino también en Caldas.
Tres muertos en minería artesanal o informal en menos de dieciséis días en la misma región expone un problema estructural. No son accidentes dispersos. Caldas concentra actividad minera de pequeña escala con condiciones de seguridad precarias, equipos ausentes y supervisión mínima. Las minas gasificadas —con acumulación de monóxido de carbono o metano— son especialmente letales porque el trabajador no siente el peligro hasta que colapsa.
La pregunta incómoda: ¿cuántos mueren sin reportarse? La minería informal en zonas rurales de Caldas no tiene visibilidad. Estos tres fallecidos llegaron a los registros porque alguien levantó el reporte. Otros no.
Las autoridades locales hablan de “investigación”. Eso es lo mínimo. Lo que falta es prevención: inspecciones periódicas, obligatoriedad de equipos de ventilación, capacitación. Mientras eso no ocurra, Caldas seguirá sumando números a una lista que ya es demasiado larga.